A Celia Viñas
A Celia Viñas
Con fecha 26-6-1994 publiqué en este periódico una carta, dirigida a Celia Viñas, a la que corresponden los siguientes párrafos: "Te marchaste con la primavera de 1.954, cuando habían comenzado a dorar las espigas y tus alumnos se examinaban de Literatura, Latín, Matemáticas y muchas cosas más, incluso de amor y poesía. Parece que fué ayer y han transcurrido cuarenta años; así tal como suena de redondo y rotundo. Muchos de aquellos jóvenes que rodeaban tu féretro o portaban coronas con lágrimas contenidas, son ahora abuelos jóvenes, pero abuelos al fin y al cabo.¡Cómo pasan los años! Sin embargono siempre el tiempo tiene fuerza decisoria para borrar los recuerdos.Porque hay recuerdos indelebles, con toda la carga de la palabra, es decir, imborrables, indestructibles, durarderos y eternos. Así es tu recuerdo." "....Los que allí fuimos tus alumnos recordamos tus métodos de enseñanza, el respeto a nuestras personas, nuestra colaboración con la Cátedra, los trabajos prácticos, el contacto con las obras literarias, las representaciones teatrales, los periódicos murales, las emisiones radiofónicas y las excursiones. Tu forma de enseñar era distinta y nos marcaste con un sello especial; tus relaciones con los alumnos participaban, además de lo docente, de lo amistoso y casi familiar. En 1942 viniste a una Almería seca, pueblerina, olvidada, herida por la Guerra Civil, y sentaste cátedra de todo y frente a todos. Fuiste animadora cultural e implantaste en nosotros un espíritu universitario impropio del lugar, la época y de nuestra edad." "...¿Qué más se podría decir de ti, catalana-balear, que desarrollaste en nuestra tierra toda tu labor pedagógica, creaste la mayor parte de tu obra, ejerciste tu inigualable magisterio, eras como una madre para tus alumnos y tefuiste en la aventura de ser madre de un hijo de tu carne?...Te quedaste para siempre aquí. "En esta Almería- que describiste- entrañable y cierta de largo viento de vidrio, delicada geometría de azotea, entregada, blanca, cuajarón azucarado de uva, amarilla sed de callejones sin sombra-luz y luz plana, difícil- en esta Almería de prehistoria, lunar y lunática..." " Ahora que han pasado cuarenta años, desde esta ciudad tan distinta en lo urbanístico y tan igual en sus gentes, ahora que los vientos de levante nos traen el verano nuevo que se cuela por las rendijas de puertas y ventanas , desde este periódico en el que tanto escribiste, quiero recordarte con esta Carta que se escribe así, con mayúscula, porque no lleva sobre ni franqueo, sólo tu nombre y va dirigida hacia Allá donde no hay días, ni veranos, ni amaneceres; Allá donde descansas con tu sonrisa disparada y tu voz de tierra cálida y amorosa. Siempre recuerdo que escribiste un día: "Todos mis sueños / pájaros en vuelo / sobre los pinos futuros / y ciertos / de tus bosques del mañana, mi Almería. / Si mi muerte te da un árbol, muero / ¡Qué dulce la muerte mía / sobre tus desnudos cerros!”.