No es país para empresarios

Pedro Sánchez, se felicitaba porque sus políticas podían importunar a los ricos

Alberto Gutiérrez 09:00 • 17 sept. 2022

En España existe un serio problema en relación con la percepción de los ciudadanos hacia los empresarios. No tenemos buena prensa. Habrá quien se lo haya ganado a pulso, porque hay mucho desaprensivo suelto en este gremio, como también hay trabajadores vagos e incompetentes. No vayamos a descubrir ahora la pólvora. El problema no es ya la percepción, sino el cultivo permanente de una idea negativa del empresario español. Y cuando este discurso procede del poder, como está sucediendo hoy, la cosa ya cambia y nos debemos preocupar. 


Recientemente pudimos comprobar la “animosidad” (supongo que escucharían la estrambótica frase) de la vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, hacia el sector empresarial, no solo incentivando a los ciudadanos a manifestarse contra la patronal sino también proponiendo la intervención de los precios en la cesta de la compra.


Lo más curioso y paradójico del asunto es que la ministra, presuntamente defensora de “la gente”, recogió el guante de una distribuidora multinacional francesa para llevar a cabo su feliz idea, que condenaba a los pequeños comercios y a los productores de alimentos. La realidad se impuso y la señora Díaz hubo de rectificar. Veremos con qué saldrá próximamente.



Hace unas semanas el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se felicitaba porque sus políticas podían importunar a los ricos. “Si Botín y Galán protestan es que vamos en la buena dirección”, afirmó sin que se le asomara en la cara un mínimo sonrojo. El Ejecutivo señalaba así, al estilo de las repúblicas bananeras (esto es, con nombres y apellidos), a quienes considera responsables de los males del país. Por cierto, esta semana hemos conocido que la inflación ha hecho que el Estado ingrese hasta julio 22 mil millones de euros extras. Pero hay que ir a por el empresario, cómo no.


El Gobierno yerra claramente. Debemos cuidar el tejido empresarial e incentivar la creación de compañías. Necesitamos empresas grandes y una industria fuerte y personas dispuestas a jugarse su patrimonio por una idea, una manera de vivir o simplemente por ganar más dinero porque son ambiciosas.



El mensaje gubernamental es además perverso porque desincentiva a los jóvenes a ser empresarios y a los mayores a pensárselo dos veces a la hora de montar una sociedad mercantil. Porque les puedo asegurar que las dificultades son innumerables. Si encima nuestros mandatarios públicos transmiten mensajes que nos dejan a los empresarios y autónomos a los pies de los caballos, entiendan que supone un ataque a la verdadera fuente de creación de riqueza y empleo, pues el sector público vive obviamente del privado.



Señores políticos: esta profesión es muy digna y necesaria y si continúan inquietando con sus anuncios populistas la inversión se irá a otros países y la gente querrá ser principalmente funcionaria. No caigan en ello porque entonces estaremos condenados a la Caja Clap bolivariana que aseguraban las ideas de la inefable ministra Díaz quien, como sus correligionarios Pablo Iglesias y compañía, bebe en las fuentes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. O sea, una ruina. 


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