La espiral del silencio

Lo que no podemos perder de vista es el mantenimiento y la conservación de nuestros ecosistemas

Alberto Gutiérrez 09:00 • 06 ago. 2022

Es interesante el fenómeno por involutivo. Lo llaman cultura woke y está colapsando los cimientos de la democracia, es decir la libertad de expresión. A raíz de mi artículo de la semana pasada, en el que denunciaba los malos olores y las molestias provocados por la proliferación de los gatos callejeros y su alimentación por parte de algunas personas (prohibido en Almería, por cierto), fui obsequiado en las redes sociales con una catarata de insultos.


La agresividad verbal de los animalistas más furibundos demuestra que para ellas y ellos el bienestar animal está muy por encima del bienestar humano. Varias personas me han dicho que qué necesidad tenía yo de meterme en jardines. Ya saben, la espiral del silencio que decía la politóloga Elisabeth Noelle-Neumann y que embriaga a la sociedad actual. 


Los más sobresaltados por la cuestión de los felinos no atienden a razones sino a las emociones más primarias, porque vivimos en la era de la sentimentalidad, salpimentada por una mezcla de victimismo y extraña superioridad moral: la que se les ha concedido desde una mayoría silenciosa que calla y otorga para no entrar en conflicto, pues aquellos enseguida escupen su bilis sobre tu pecho. Y siguen el guion habitual: campaña de linchamiento, hostigamiento y cancelación a quienes consideran que “ha ofendido” a los gatos porque “estos no tienen voz y no pueden defenderse”. Una mujer me dijo que estos son “ciudadanos no humanos”. No es coña.



Casualmente, durante esta semana leíamos que Polonia ha declarado el gato común una especie exótica invasora. La Academia Nacional de Ciencias de este país ha afirmado que los mininos matan a 583 millones de pequeños mamíferos y 135 millones de aves al año. La polémica se ha desatado, claro. Pero la realidad científica es implacable. Otra cosa es que los amantes de los gatos quieran protegerlos a toda costa, por encima de otras especies y por encima de la razón científica. E insisto sobre lo que decía el otro día: me parece estupendo que cada uno tenga en su casa gatos, perros, loros, conejos o jabalíes. Lo que no podemos perder de vista es el mantenimiento y la conservación de nuestros ecosistemas y, por supuesto, la buena armonía entre los seres humanos y el resto de animales. 


En cuanto al tema de fondo, la preponderante cultura woke, hace tiempo que domina la escena pública y sus batallas son nuestras derrotas porque ni siquiera las hemos librado. Ni las redes sociales deberían cobrar tanto protagonismo ni los políticos tendrían que prefigurar que la ira de algunos sujeta las catenarias de la democracia. Los más reaccionarios no pueden someter la democracia y la libertad a sus designios y caprichos. Hay que hacerles frente y decir basta, abandonando de una vez la espiral del silencio.






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