En busca del malo

Emilio Lledó: “estamos ante una pérdida del concepto original de la política como concordia

José Ramón Martínez 09:00 • 04 ago. 2022

Mientras la inmensa mayoría del país ora et labora; y el paisaje urbano es un ir y venir de gente andando, corriendo o en bicicleta; y en medio la música y el tik tok como parte importante de nuestra cotidianidad, hay otra parte del país, una extensa fauna de tertulianos y opinadores, junto a  militantes y activistas en las redes, que más que procurar hacernos comprender el mundo y sus complejidades lo que buscan es señalar al malo, al enemigo, al competidor, al que no piensa como nosotros.


Lo peor es que esta manera de contarnos la realidad se ha interiorizado, se ha hecho hábito y todos con mayor o menor intensidad la hemos incorporado a nuestro acervo de forma natural. Da igual que se usen más o menos argumentos, más o menos descalificativos, el caso es que siempre hay alguien señalado, alguien que queda como el malo de la película.

 



Repetir la historia Da la impresión de que volvemos a ese discurso de buenos y malos de la Europa de entreguerras. No hay nada nuevo u original, sino una repetición calcada del pasado. Aunque, la diferencia es abismal, en aquella Europa la explotación, la miseria y el analfabetismo estaban muy extendidas. Nada que ver con las opulentas sociedades de consumo del presente. Es normal, por tanto, que este discurso que aflora en los medios sea poco creíble y todo nos suene a publicidad y a marketing, cuando no a puro entretenimiento. 


Sin embargo, hay que recordar que detrás de las palabras hay muchas cosas, desde el cálculo electoral, la batalla por el poder o la audiencia, o una bandera o partido al que seguir. Aunque, no se puede olvidar que estamos en un contexto muy competitivo, con miedo a que nos echen del mercado y que las nuevas tecnologías han trastocado el campo de juego. Ahora el relato político debe adaptarse a la sociedad del espectáculo y el entretenimiento en el que vivimos. Es el Sálvame de luxe trasladado a la política. 



La catarsis necesaria La fotografía que mejor podría retratar la situación actual sería la metáfora de babel, desorientación,  polarización y fractura social. Izquierda y derecha parecen odiarse más que nunca, nombrar a Vox, o Bildu, o España, o Podemos o a Sanchez y así sucesivamente, es como nombrar el demonio. En palabras del humanista Emilio Lledó, estamos ante una pérdida del concepto original de la política como concordia. En el fondo, se trata de una forma de mirar muy poco conciliadora, demasiado absoluta y divisoria, o conmigo o contra mí.


Y no confundir con la pluralidad de ideas y el conflicto político, base de la democracia, sino  de un discurso que separa la sociedad en buenos y malos, amigos o enemigos y que provoca más odio que otra cosa. Aunque, como sabemos, la literatura del odio forma parte del paquete de la libertad y hemos de convivir con ella.  



Epilogo Lo ideal sería partir de la filosofía de qué quienes no comparten nuestras opiniones, de esos que llamamos rivales, enemigos o competidores, algunos son familiares o vecinos, con otros hablamos y otros son a los que les compramos o vendemos. Es decir forman parte de nuestro espacio vital que todos compartimos y, por tanto, a los que debemos mimar si queremos que la convivencia sea nuestro gran valor a preservar.


Y volviendo a la historia, me viene a la memoria como ejemplo a seguir las crónicas del periodista catalán Agustí Calvet, más conocido como Gaziel. Su capacidad para hablar con todos, de ponerse en la piel de la derecha más radical y conversar con ella desde la amistad y la comprensión es digno de figurar en los manuales sobre la democracia. Es cuestión de practicarlo. ¡Como todo en la vida!



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