Los siete supervivientes. Y el octavo

“Resulta casi increíble el movimiento interno en el Ejecutivo de Pedro Sánchez”

Fernando Jáuregui 09:00 • 02 jun. 2022

Ahora, cuando se cumplen cuatro años de aquella moción de censura que dio con los huesos de Pedro Sánchez en La Moncloa, cabe rendir un homenaje --lo digo de veras-- a los siete supervivientes que, además, claro, del propio Sánchez, quedan de aquel Consejo de Ministros “bonito y redondo”, como le llamamos los periodistas al conocer, el 7 de junio de 2018, quiénes compondrían el primer Gobierno socialista desde 2011. Siete ministros que, tras todos los avatares de este cuatrienio tremendo, voraz, siguen siéndolo, cuando el clamor por la necesidad de una nueva remodelación gubernamental se acrecienta ante la patente descoordinación en el Ejecutivo.


Los siete supervivientes son cinco mujeres --Margarita Robles, Nadia Calviño, Reyes Maroto, Teresa Ribera, María Jesús Montero-- y dos hombres --Fernando Grande-Marlaska y Luis Planas--. Excepto el titular de Interior, y últimamente, por las razones que conocemos, la ministra de Defensa, los supervivientes han procurado mantener un perfil más técnico que político, incluyendo el caso de la vicepresidenta primera, Nadia Calviño, muy centrada en su papel de interlocución en Europa.


Echando la vista atrás, resulta casi increíble el movimiento interno en el Ejecutivo de Pedro Sánchez a lo largo de estos cuatro años, en los que cuarenta ministros --uno de ellos, Máxim Huerta, duró cinco días en el Gobierno-- se han sentado en el Consejo. Pero lo cierto es que la última remodelación ministerial de Sánchez, la más importante llevada a cabo por el presidente, en julio de 2021, se ha convertido en la más polémica: cese de la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, y de quien había sido el ‘hombre fuerte’ del renacimiento ‘sanchista’, José Luis Ábalos, además del ‘superasesor’ Iván Redondo, a quien muchos consideraban como ‘más que un ministro’. Para entonces, Pablo Iglesias ya había desaparecido del Ejecutivo (y de la política). Pero quedaban sus herencias: Irene Montero y Ione Belarra.



Y son estas ‘herencias’ del creador de Podemos y de la coalición del PSOE con ‘los morados’, y al margen del caso peculiar y lleno de incógnitas de la vicepresidenta Yolanda Díaz, las que más quebraderos de cabeza están provocando hoy a Sánchez en su cuarto cumpleaños como presidente. Prácticamente no ha habido un solo tema importante en el que las dos ministras, que no tienen competencias de Estado, no hayan mostrado discrepancias radicales con la línea trazada por el Ejecutivo español, desde la Monarquía hasta la próxima ‘cumbre’ de la OTAN, pasando por el propio concepto de la igualdad de género.


Lo que resulta difícilmente comprensible es que un hito clave en la política exterior y de defensa de nuestro país en un delicadísimo momento internacional reciba, desde el interior del propio Ejecutivo, críticas por parte de dos ministras y una reticencia sorda y muda por parte de la señora Díaz, cuya posición en ningún caso puede equipararse con las de Montero y Belarra.



Desaparecido Iglesias, se entiende difícilmente la pervivencia de ambas ‘herencias’, que han mostrado una falta de altura política más que notable. Creo que representan, sin duda legítimamente, algo que el presidente Sánchez ni quiere ni podría representar, y nada justifica un ‘ala critica’ en temas sustanciales dentro de un mismo Gobierno, y menos aún en las actuales circunstancias. Creo que la coalición, suponiendo que aún se pueda hablar de tal, está ya suficientemente representada por la vicepresidenta Díaz, el ministro de Consumo --cartera perfectamente innecesaria, por cierto-- y el titular de Universidades.


En España, en Europa y en el mundo han cambiado las suficientes cosas en estos últimos años como para considerar seriamente un giro de timón. Un adelgazamiento del número de carteras --el español es uno de los gobiernos más populosos de la UE--, menos vicepresidencias y posible entrada de figuras no afiliadas a partidos, o incluso procedentes de otros partidos. Creo, no sin fundamento, que alguno de los siete supervivientes me daría la razón.



Pero, claro, todo depende del octavo superviviente, la única figura política de primer nivel que aún mantiene su puesto, desde donde dirige el barco, desde aquel junio de 2018. En las últimas horas he escuchado y leído muchas valoraciones contrapuestas acerca de la trayectoria del octavo superviviente, el resistente. Sus actuales ‘hombres y mujeres fuertes’ presumen de la cantidad de leyes aprobadas, mientras sus opositores le critican por todo lo contrario: no se ha hecho nada verdaderamente constructivo. En España, todo es, ay, blanco o negro, rojo o azul.


Puede que, como siempre, la verdad esté en el término medio: se han hecho muchas cosas y se han dejado de hacer otras tantas. Pero parece evidente que ha llegado la hora de hacerlo de una manera diferente. Y al octavo superviviente, si quiere seguir siéndolo, no le queda mucho tiempo para poner manos a la obra.


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