Pedir y dar explicaciones

“Los humanos inventaron dioses y mitos para pedir explicaciones por desgracias e injusticias”

Javier Adolfo Iglesias
09:00 • 26 may. 2022

En mi semana personal entre una columna y otra bajo el indalo,  muchos políticos y periodistas han repetido que el rey Juan Carlos I “debe dar explicaciones”.  



En algún momento de nuestra genealogía unos humanos levantaron la vista hacia el cielo para pedir explicaciones por inundaciones y sequías. Entonces inventaron  mitos y dioses que se las pudieran dar. Así se nos va pasando la vida pidiendo explicaciones mientras que el universo sigue funcionando sordo a nuestras palabras.  



Aún hoy podemos ver a una madre rota por el dolor en Siria o Ucrania que agita sus brazos al cielo exigiendo explicaciones por esa bomba que ha caído en su hogar minutos antes y ha matado a sus hijos.  



El sufrimiento y la injusticia de los humanos han sido un misterio hasta que el estoicismo concibió que hay una razón cósmica universal que mueve los hilos del destino. Le puso así la alfombra roja al monoteísmo y desde entonces, rezar es pedir y dar explicaciones a la razón personificada y con barba blanca. Todos somos descendientes de Job, el tipo más puteado de nuestro linaje, quien  osó pedir explicaciones a Dios y éste le echó una regañina digna de aparecer en el Antiguo Testamento. Por eso, Abraham ni se molestó en preguntar cuando Yahvé le ordenó que matara a su hijo en un absurdo sacrificio. Entonces llegó la ciencia y sus explicaciones dejaron de ocultar una moral antropocéntrica.



Oigo a los reporteros gritar al aire al paso del emérito: “¡Majestad, ¿va a dar explicaciones?!” y recuerdo que este formato de preguntas al viento comenzó en los años 90 con los reporteros del corazón clamando al paso del alejado coche de Isabel Pantoja.



Pedir explicaciones ha dejado de tener cualquier hondura en España, es una pregunta floripondio, un teleadorno más de nuestra vida en común de frivolidad espectacular en prensa y redes y sin embargo, en el fondo religiosa. Job habría tenido hoy en nuestro país un enorme ‘rialiti’ televisivo  y en redes sociales de éxito asegurado.



Nadie ha pedido en serio explicaciones al rey, porque si fuera así nos estaríamos pidiendo una respuesta a nosotros mismos. Y eso es demasiado pedir.



Lo del Rey ha sido un entretenimiento interesado más, como el culebrón de Mbappé, que finalmente ha dado plantón al Real Madrid. Las explicaciones del futbolista del PSG no sirven para evitar el desconsuelo de los aficionados merengues, plantados ante el altar como novios de blanco.  


Parecería por tal exigencia que nuestro país no deja puntada sin explicación. Que Pedro Sánchez hubiera dado ya explicaciones sobre su ‘Saharazo’ o sobre su cese de la directora del CNI; o que HB Bildu hubiera dado explicaciones sobre los cientos de asesinatos sin resolver sobre sus hombros.


Pedir y dar explicaciones es una exigencia moral dentro de una realidad moral inexistente en España. Afortunadamente, en una sociedad democrática como la nuestra ya nadie tiene que dar explicaciones al párroco ni a la familia ni al Gobierno. Las explicaciones solo se exigen y se dan ante un tribunal.  


La frivolidad es la teodicea nacional. La practica Gloria Calero, la delegada del Gobierno en Valencia que pide explicaciones a los hombres por dos supuestas violaciones en grupo por menores investigadas en los últimos días. Calero pregunta a todos los hombres,  juntos y de golpe, así de literal: “¿Qué os está pasando a los hombres que estamos volviendo a la cultura de la violación que creíamos desterrada?”.


¿A quién pediría explicaciones esta frívola político de haber sido delegada en la estadounidense Uvalde, la localidad tejana donde han muerto acribillados estúpidamente 19 niños y sus dos profesoras en un colegio? Biden no es español y ha amanecido sin pedir explicaciones sino exigiendo acción, porque una sociedad madura y laica, actúa y deja de rezar.


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