Indalecio se lesiona como Belén Esteban

Vuelvo liviano, como el que se pela y se estrena

Vuelve el columnista donde solía, y lo hace sin la arrogancia del general que con el agua por las rodillas vuelve a pisar la playa que le vio partir con rumbo incierto. Porque el columnista no regresa como quien celebra la victoria sobre su ausencia, ni tampoco con la altivez de quien recupera su espacio hablando de lo dicho allí tantas veces como si fuera ayer mismo. El columnista vuelve para sentirse parte de este río de papel en el que a veces es puente y a veces torrente. Y lo hace feliz por un reencuentro al que solo él concede su justa importancia, mientras siente sobre su cabeza el burlón e indiferente mirar de las estrellas. El columnista soy yo, como supongo que habrán adivinado,  y vengo a decirles que estos meses de pausa no son nada si comparamos el tiempo pasado con todo lo sucedido. Pero no alarmen, porque no se trata ahora de pasar revista al estadillo de los acontecimientos ni de puntear la larga lista de cuestiones que pasaron de largo librándose de llevarse colgada la correspondiente columna. Vuelvo liviano, como el que se pela y se estrena, porque la vida pasa al margen del columnista y no hay peor error que confundir este espacio como el templete desde el que  guardia urbano franquea o cierra el paso del tráfico informativo. Acostumbrado como estoy a mirar la actualidad de lejos, como esas luces que parpadean y marcan el camino del retorno, me abrazo a la columna con la firmeza del que agarra una cintura para el baile, sin olvidar la precaución del origen infame de la actualidad, que es lo mismo que decía Borges del tango. Pero a veces la actualidad también es enormemente divertida y nos confirma que incluso lo inmejorable puede promocionar de categoría, como va a hacer el Almería en un par de semanas si la cosa no se tuerce. La otra noche pasó por Interalmería TV el secretario general de la Agrupación Municipal Socialista de Almería, Indalecio Gutiérrez, que es el único caso después de Belén Esteban en lesionarse en directo la pierna de tanto meterla. Sé que el recurso a la sedicente Princesa del Pueblo es un condimento más forzado que forzoso, pero disculpen que no me esté dirigiendo ahora a ustedes, sino a la fría lógica del algoritmo que ha secuestrado la emoción de los periódicos. Indalecio mintió de palabra y obra (el lenguaje corporal es a veces tan delator como el corazón enterrado en el cuento de Poe) negando que el PSOE estuviera haciendo encuestas sobre la idoneidad de mantener o cambiar de candidata como cabeza de cartel de su próxima lista a las Municipales de 2023. “¿Encuestas? Pero si Adriana Valverde está haciendo un trabajo inmejorable. No hay encuestas. En todo caso la estará haciendo un particular”, dijo mientras movía los hombros y agachaba la cabeza. Ahí fue cuando escuché el chasquido de la tibia y el peroné de Indalecio, que creía salir de la pregunta como Vinicius se va de un defensa, cuando en realidad había metido la pata hasta el corvejón, que es la articulación trasera de los cuadrúpedos. Vamos a ver, Indalecio: no se busca sustituta a una candidata inmejorable. Y menos aún se puede argumentar que las carísimas encuestas electorales las encarga y paga “algún particular” por el gusto de cotillear las agrupaciones. Como ven, para algunas cosas no hay tiempo ni ausencias que valgan. Por eso vuelvo al papel, que es el lugar en donde se guardan escondidas las esperanzas más humildes, que al final son toda la fortuna del corazón del columnista.






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