Lorenzo Funes

Comenzó a medir el tiempo por sucesos que habían ocurrido en su vida

Alberto Gutiérrez
08:59 • 23 abr. 2022

De unos años para acá Lorenzo Funes comenzó a medir el tiempo por sucesos que habían ocurrido en su vida, algunos más destacados que otros, pero todos ellos caracterizados con frecuencia por una molestia supina. La pandemia era uno de ellos, claro, pero también hechos o circunstancias tan superficiales como la duración de su frigorífico, que empezaba a parecerse en su interior a una rocosa y nevada montaña andina. Diez años, ese fue el tiempo exacto que aseguró aquel viajante que iba a durar la nevera, le dijo Funes a su esposa mientras despegaba los cascotes de hielo antes de preparar un mojito con el que brindar por el último aliento del aparato electrodoméstico. Vamos a por otros diez años, chin, chin.



El tiempo es caprichoso, mira esos dos matrimonios, le dijo en un restaurante un día que viajaron lejos. Tenían mi edad cuando estuve en esta ciudad la última vez y ahora charlan ociosos sin el ritmo trepidante que marca el trabajo, las preocupaciones, los hijos. Fíjate en sus caras inmutables, no destilan una mueca de desagrado, pero tampoco demasiado gozo; parecen cansados e indiferentes. 



Hay quien dice que la vida se cuenta por ciclos de siete años. Sin embargo, eso resultaba ineficiente para Lorenzo Funes, una absurda cifra en un légamo de constantes efemérides, donde los aniversarios han de ser obligatoriamente redondos. Por qué no celebrar los cuarenta y tres años de edad con una fiesta multitudinaria y loca, por qué esperar a los cuarenta y cinco o a los cincuenta como todo el mundo, se preguntaba. Me gustaría una fiesta en un ático en Roma, como en ‘La gran belleza’…, recuérdalo, le deslizó a su esposa una noche entre bromas y veras.



Funes se había alejado de convencionalismos para abrazar un ecléctico sentido de la existencia donde las etapas y los ciclos ordinarios carecían de relevancia. Los sucesos fijaban su calendario vital, constituían los vértices geodésicos de su devenir por la Tierra: aquella tormenta eléctrica que descargó su ira como si el mundo fuera a partirse en dos, la conquista de la Copa de Europa de su equipo de fútbol -evento de magnitud cósmica-, el encendido discurso del líder político que devolvería la esperanza al país o la última ocasión en que hizo un sudoku de extrema dificultad y lo celebró con entusiasmo (no todo iban a ser hechos dramáticos o superlativos). 



Los años transcurrían a su ritmo, cada vez más veloz, pero las situaciones de mayor impacto de su vida eran definitivamente las que marcaban un antes y un después, las que prefiguraban el principio y el final de una era. Cariño, este nuevo frigorífico nos promete una década muy feliz, le dijo a su mujer cuando salían de la tienda de electrodomésticos, en donde el vendedor, afirmó, cuando le pidió alguna recomendación para la nevera: “¿Lo más importante? Meter dentro jamón del bueno”. Era el comienzo de algo grande.







Temas relacionados

para ti

en destaque