Las vacunas han salvado más vidas que las mascarillas pero queda mucho camino

“En estos días nuestro país abandona el uso de las mascarillas en espacios interiores”

Una mujer con mascarilla.
Una mujer con mascarilla. Archivo La Voz
Francisco Giménez Sánchez
08:59 • 18 abr. 2022

En estos días nuestro país abandona el uso de las mascarillas en espacios interiores con algunas excepciones como instalaciones sanitarias, residencias o transporte público, uno de los últimos pasos hacia la vuelta a la normalidad. Es una medida programada con independencia de las cifras de incidencia que en la actualidad todavía se encuentran en niveles altos a pesar de que hace semanas que la vigilancia epidemiológica se relajó y se abandonaron las cuarentenas y los estudios de casos sin gravedad.


En la actualidad, la pandemia ha pasado a un segundo plano y las noticias relacionadas con la guerra de Ucrania, la economía o los precios han pasado a centrar el interés general. Es lo que hace mucho tiempo la administración central llamó “nueva normalidad”. El término erróneo “gripalización” con el que se menciona esta nueva situación del virus SARS-Cov-2 va tomando protagonismo. El grado de inmunización de la población sigue creciendo y es previsible que, en las próximas semanas, alcance grados muy altos por el gran número de personas contagiadas, por lo que la incidencia bajará a los deseados menos de 50 casos por 100.000 habitantes. Por delante nos quedará un invierno con muchas incertidumbres sobre la aparición de nuevas variantes y la capacidad de nuestra inmunidad para vencer la enfermedad a largo plazo. A pesar de ello, todavía existen personas vulnerables, así como no vacunadas que se encuentran en riesgo de padecer un cuadro grave y el goteo de muertes no cesa, algo que conviene recordar. Por desgracia todavía veremos personas morir por este terrible virus, por lo que debemos ser prudentes y conscientes de que el peligro todavía es real así como proteger a los mayores e inmunodeprimidos.


Alguien podría pensar que esto iba a pasar de todas formas con o sin vacunas. Y es probable que el virus se hubiera ido adaptando con variantes más benignas. Pero no cabe duda de que sin las vacunas el número de muertes habría sido inmensamente mayor y muchos no estarían hoy para contarlo. Solo en Almería, se estima que se han podido salvar más de 1000 vidas además de la prevención de muchas secuelas y sufrimiento.



Sin embargo, en esta ocasión la capacidad de las vacunas disponibles para disminuir la transmisión de la enfermedad ha sido escasa y todavía nos queda mucho que investigar para conseguir una inmunización capaz de hacerlo eficazmente. Tampoco la infección natural es capaz de parar la transmisión al no ser duradera. La nueva situación podría hacer que la investigación de nuevas vacunas se ralentice debido a la menor prioridad de la inversión y ese es un peligro evidente. Por otra parte, no debemos olvidar que este virus no razona y está sometido a mutaciones impredecibles con la aparición de nuevas variantes que van a condicionar nuestro futuro.


Habrá que estudiar la capacidad de las vacunas disponibles actualmente y las futuras para vencer estos obstáculos. Llegará un momento en el que dejaremos atrás la pandemia y nunca deberemos olvidar que las vacunas han salvado más vidas que cualquier otra medida. Una lección que tenemos que seguir aplicando a otras enfermedades graves prevenibles gracias a la inmunización.





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