PP: el bochorno nacional

No muere, pero queda incapacitado.

La guerra fratricida del PP desborda los límites de un partido político y las habituales pugnas internas por el control de la organización. Ya no se trata de la supervivencia de Casado, su líder actual, sino la del propio partido. Y no solo la del propio partido sino la del sistema de representación de la soberanía nacional, hoy por hoy asentado en dos pilares centrales: el izquierdo y el derecho.


El pilar derecho se viene abajo. Eso es lo que está en juego en esta crisis devastadora que, como tengo escrito, reproduce el síndrome del suicida patoso. No muere, pero queda incapacitado.


A eso han llegado los equipos dirigentes de la calle Génova en su empeño adjetivo de frenar políticamente a Díaz Ayuso, al precio de aparcar el empeño sustantivo de hacerse creíbles como alternativa de poder a escala nacional.



Lo demás es una comedia de puertas. Resulta de cruzar las acusaciones de Génova a la presidenta madrileña por falta de ejemplaridad con las acusaciones de la presidenta madrileña a los dirigentes de Génova por presunto espionaje en relación con una operación comercial en la que estaba implicado su hermano, Tomás Díaz Ayuso.


En ese cruce de pedradas, ninguna de las dos partes ha presentado pruebas concluyentes. Sin embargo, las de Génova contra Ayuso (falta de ejemplaridad con ribetes presuntamente delictivos) han terminado siendo munición judicial en manos de sus adversarios políticos (PSE, Podemos, Mas Madrid), que no han tardado un minuto en poner el asunto sobre la mesa del Fiscalía Anticorrupción.



Así, el futuro de la presidenta de la CAM queda en manos de los tribunales, si la Fiscalía presenta querella, mientras que el de Casado y Egea, números uno y dos de la vigente dirección del PP, queda en manos de barones, alcaldes, parlamentarios y militantes. El sumatorio: un clamor generalizado contra el equipo dirigente de la calle Génova.


Del clamor no forman parte, como es lógico (lógico solo hasta cierto punto, es verdad), los órganos de dirección, formados por hombres y mujeres mayoritariamente cercanos a Casado y Egea, quienes no quieren oír hablar de la claudicación que se les reclama. Es decir, la dimisión, el paso atrás, la renuncia al cargo, o como se quiera llamar. Lo que supone prolongar una situación calificada por todos de "insostenible", desde Núñez Feijóo hasta el último militante.



A la espera del desenlace lo mejor es que nos encomendemos a la literaria visión del inmortal Jorge Luis Borges cuando decía que "las cosas más absurdas solo ocurren la realidad".

Amén.


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