Mentir

Ahora, sin embargo, la mentira está deteriorando nuestras instituciones, la democracia

Hay cosas que se dan por hechas, pero que costaron mucho. Concretamente sangre, sudor y lágrimas, como dijo Winston Churchill cuando la Segunda Guerra Mundial dejó al mundo tiritando sobre la escarcha. Entonces llegó la democracia a muchos países (al nuestro tardaría un tiempo). Nacieron los derechos humanos, consagrados en la ONU, esa organización que a muchos hoy les resulta una parranda de diplomáticos levitando sobre la moqueta de un hotel de Manhattan.


Asociado a la democracia vino el estado del bienestar. La gente empezó a vivir, a viajar, a comer en restaurantes, algo no tan común como imaginamos, por cierto. Me atrevería a decir que sólo una minoría de la población almuerza o cena alguna vez en estos establecimientos. Pero, con todo, decía, hemos prosperado mucho gracias a la democracia. Eso afirmaba el dibujante Antonio Mingote, quien sentía orgullo por el vertiginoso progreso social y económico de los españoles en pocos años.


Ahora, sin embargo, la mentira está deteriorando nuestras instituciones, la democracia. Mal asunto decir una cosa y hacer la contraria, como si los ciudadanos fuéramos niños de teta. Cayetana Álvarez de Toledo lo explica muy bien en su magnífico libro ‘Políticamente indeseable’: la falta de cuidados de la democracia, esencialmente por no decir la verdad, y el desistimiento en diferentes asuntos ha degenerado en identitarismo, populismo y en consecuencia en un victimismo que tiene su raíz en la infantilización del individuo. 



La verdad no puede ser una mercancía, un trasunto de la mercadotecnia. A la gente no se la compra o se la vende con embustes que van desbrozando los caminos para alcanzar determinadas metas. La meta es el camino, dicen los sabios. Pero tenemos mentiras para mucho tiempo, no lo olviden. Porque van funcionando desde la covacha. Porque van olvidándose en una sociedad desgranada de urgencias donde sólo lo último cobra importancia. Esta democracia adrenalínica –y tan de soponcios- casa mal con el valor de los hechos. Jesucristo dijo: “La verdad os hará libres”. La mentira se cobra esclavos, tampoco lo olvidemos. 






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