Reyes interestelares

“Salgo ansioso a la calle a comprar regalos Ya nadie usa tarjeta“

Me mal desperté el día 5 en el sofá y con la tele encendida. “¡20 a 1 a que los Reyes pasan de largo por tu casa!”, retaba un anuncio. Las apepés de apuestas que buscan engancharte de madrugada han sustituido a los televendedores y adivinadores, que han desaparecido por la subida de impuestos a los autónomos.


Desde Año Nuevo la ansiedad me come, he enviado un meme tras otro al grupo de guasap de ‘Hermanos y cuñados’ y no veía respuesta alguna, nadie me contestaba. Estaba solo y no podía abandonarlo, atrapado como Robinsón en esta isla digital.  

- ¿Hay alguien ahí? Pregunté ya inquieto.



- “Hola, soy Edu, ¡feliz navidad!”, leo en la pantalla.


- ¿Eres el niño repelente y pesado de aquel anuncio?



- “¿Qué anuncio?”, me responde con un emoticono con gafas y teléfono.


Comprendí como en una visión mística que aquel Joselito pionero de la telefonía móvil estaba también atrapado en su avatar eterno, como los malos en Supermán II de Richard Lester. Habíamos caído en un cruce de fibras, de mundos y tiempos solapados como en ‘Interestelar’. Y de repente aparecen en el grupo decenas de emoticonos de conejo.  “Me cierran las tiendas, me voy, no llego”, escribe alguien. Y lo sigo.



Salgo a la calle a comprar regalos ansioso y contra el reloj. Ya nadie usa tarjeta desde que los bancos recargan un 200 por ciento.Tras marcar el aparato comienza a vomitar billetes. Entonces, oigo una voz.


 -“No se preocupe, eso es que confían en usted, aún es navidad. Pase, pase...Anselmo Alcántara para servirle”, me dice un señor sonriente asomando su cabeza desde dentro de una caja de embalar frigoríficos en un rincón del suelo junto al cajero. No puedo rechazarle una invitación tan sincera y entro en lo que parece un coqueto pero amplio loft de cartón.


- “Aqui teletrabajo, -afirma-. Además, me ahorro la factura de la luz. Tome, coja unas peladillas. Las grandes son mis favoritas”. “Ya nadie come peladillas”, pienso.


- “¿Se ha dado cuenta de que al día siguiente de Navidad han retirado casi todos los turrones del Calleful?”, me pregunta entre indignado y reflexivo. “Los han sustituido por pleisteichons y móviles”, añade.


- “Sí, es cierto. Dicen que tras la navidad los turrones blandos se ponen duros por culpa del 5-G”. Le contesté eso inventado solo por ser amable y porque tenía puesto un disco de Miguel Bosé. En realidad, yo tenía prisa y me despedí sin olvidar recoger antes los billetes del suelo.


Salí y me topé con la cabalgata.Las Reinas Magas estaban dando vueltas sin fin a la rotonda de las Almadrabillas. Lanzaban pastillas de tofu a los niños que indiferentes no quita- ban ojo a sus móviles.  


- “En esta ciudad apostamos por la presencialidad ”, había afirmado antes el concejal.


Este es el Año contra la Gordofobia y los pajes parecen llegados de Wisconsin, embutidos en sus trajes a medio abrochar y con los botones a reventar; llevan pancartas con lemas como “No nos criminalices, únete”, “Gimnasios gordofóbicos”.


Detrás, padres y madres arrastran encadenados como los esclavos judios de Cleopatra una enorme carroza llena de inspectores y expertos  televisivos sonrientes mientras suena un villancico: “San José y la Virgen se están peinando...la virgen se está empoderando...” De repente, coordinados por el gran Tiktoker los niños y niñas levantan sus cabezas y arrojan con furia sus teléfonos móviles a las cabezas de los vástagos 1 y 2 para ver quién hace más sangre. “Dadnos el último modelo, aqui y ahora”, gritan.


Entonces el golpe de mi móvil contra el suelo me volvió a despertar. Lo cogí y ya tenía un mensaje en el grupo de hermanos, el negro de guasap con un gorrito de Papá Noel colocado discretamente me felicita los Reyes.


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