Juan Carlos, vuelve a casa por Navidad

Ni perdonar lo que no pueda perdonarse, en los juzgados o en las conciencias

La noticia de que el fiscal suizo archiva la investigación por la donación de Arabia Saudí al Rey emérito Juan Carlos I cierra, aunque solo parcialmente, uno de los conflictos judiciales que venían complicando el regreso a su país de quien fue jefe del Estado durante casi cuarenta años. No creo que sea todavía el momento de modificar la censura moral ante determinadas conductas: sí es hora de ir cerrando las ciénagas de nuestro pasado, y eso exige, qué remedio, tragar algunos sapos.


No quiero entrar aquí en los complicadísimos meandros que las implicaciones de las acciones y omisiones de Don juan Carlos han tenido, y tienen, en las Fiscalías. Pero creo que una cosa son las consecuencias morales y otras las penales. Y creo que lo primero que España debe hacer, ante el que se está convirtiendo en el primer problemas político del país, es regularizar la situación de Juan Carlos I. La económica y fiscal, la política y la moral. Que regrese a casa, si puede ser, por Navidad. La obcecación de alguna institución, quizá de algunos personajes importantes, por mantener lejos al llamado emérito empieza a ser más el problema que cualquier atisbo de solución.


Creo que el sentido común, la generosidad y una buena dosis de tolerancia habrán de presidir los pasos que se den de inmediato para lograr un acomodo más o menos tranquilo de Juan Carlos I en su patria. Claro que lamento que el emérito no haya pedido perdón de manera más completa y no haya regularizado de manera más voluntaria su pésima situación fiscal, para no hablar de otros aspectos de su proceder que a mí, al menos, me parecen cuestionables. Pero JCI es todo un símbolo de nuestro pasado por conquistar y consolidar la democracia, y eso también tiene un valor a la hora de equilibrar balanzas.



España no puede ser un país siempre a golpes con su inmediato pasado, y con ello me refiero tanto a los millones desviados del entorno de Don Juan Carlos como a los residuos de mala praxis en la política, de los que fue buena muestra la comparecencia este lunes de Mariano Rajoy en la comisión de investigación parlamentaria sobre el 'caso Kitchen', que es como decir también en otros casos en los que el Partido Popular está involucrado. Ni Kitchen, Gürtel y demás pueden seguir pesando sobre el actual PP, que nada tiene que con aquello, ni el cuestionamiento de la figura de Juan Carlos I puede salpicar para nada la patentemente honrada persona de Felipe VI.


Salvemos el presente, al menos. Regularicemos, de forma legal pero sin dilaciones ni banderías, ese pasado que pesa sobre nuestras últimas décadas de Historia. Por supuesto, sé que regularizar no significa olvidar. Ni perdonar lo que no pueda perdonarse, en los juzgados o en las conciencias. Pero no podemos seguir perpetuamente atados a un pasado que nos avergüenza, sí, pero que es en el que hemos vivido, desarrollado nuestras carreras y nuestro trabajo e incluso en el que hemos hecho lo que es este país nuestro, que, con todo, me parece que merece la pena. Porque este no puede ser el país de las maniobras de Villarejo ni el de los venablos, siempre envenenados, de Corinna. Afortunadamente, somos mejores que todo eso.




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