El tren del que usted me habla

“No queremos más domingos en silencio ni promesas que terminen en oprobios. Exigimos el AVE ”

Mujeres que visten como señoras a edades muy tempranas. Señores que barrenan con los codos los bares en domingos que huelen a incienso y a romero. El barco de Melilla entrando a su hora por el puerto y una cremallera de silencio envolviendo la ciudad. 


No hemos cambiado tanto. A la modernidad aún le falta librar el último recodo para entrar por el Levante. Todo son promesas, mentiras, perjurios, esperando a que la gente olvide los agravios. Un domingo más que luce soleado en la solapa. 


El aire fresco que vendría en los vagones, una Europa de ida y vuelta, París más cerca, ce serait fantastique. ¿Dónde estás, Míster Marshall? ¿Vas a venir hoy, mañana, dentro de un mes? A veces viene camuflado entre la gente a actos tumultuarios dejando fabulosos titulares que riegan los periódicos para dejarnos hechizados. ¡Que ya llega!, proclaman los estómagos gratificados del sistema. Pero nada, no llega.



El día de la marmota hay que institucionalizarlo en Almería invitando a Bill Murray para que comprenda que aquí nunca se agotan los inviernos. Fundamentalmente porque uno es igual al anterior. ¿El AVE? Pepe Céspedes lo dijo en su día en un aclamado y genial monólogo: ¡si ya lo tenemos! Es rojo y gris y en el pico pone Talgo, y tarda siete horas y media en llegar a Madrid, que no te das ni cuenta. Nos reíamos con Pepe, porque el olvido y el abandono concilian bien con el humor.


No queremos más domingos en silencio ni promesas que terminen en oprobios. Exigimos el AVE (el tren del que usted me habla) sin demora y confiamos en el empuje de Jerónimo Parra, líder con agallas, para que ponga orden y no tengamos que fingir una vez más nuestra histórica indolencia. Si no actuamos, si no nos quejamos los propios almerienses, seguirán burlando a esta tierra, a la que suelen venir en verano los próceres de la patria porque esta es su ciudad de vacaciones. Y en esas condiciones no necesitan cierta velocidad sino todo lo contrario. Pero Almería va a dejar de ser una isla. No nos vamos a amilanar en nuestra lucha y en nuestro derecho a ser una provincia con unas comunicaciones dignas. Hasta aquí hemos llegado.




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