Un oxímoron: el eficiente Imbroda

“Los maestros y profesores han sido unos verdaderos servidores públicos”

No es la primera vez que evoco a Nietzsche y su parto del centauro, mas en estos días siento el galopar en mis sienes de dos máximas en perpetua confrontación con lo que acaece. La primera, es una síntesis del pensamiento de John Stuart Mill, desde Consideraciones sobre el gobierno representativo hasta Sobre la libertad, que expone que el mayor deber de un gobernante es buscar la felicidad de sus ciudadanos y, la segunda, es ese pensamiento clásico de que no hay mayor acto patriótico que educar a los nuevos ciudadanos; últimamente me sumerjo demasiado en el mundo heleno, quizás es que esté demasiado cansado del ahora, demasiado cansado del Reich, perdónenme, vuelve a galopar Nietzsche en mi cabeza. 


La primera diatriba se manifestó con que los nuevos funcionarios de carrera, así como los interinos, necesitaban un P10, es decir, un informe médico que manifestase que el personal docente estaba capacitado para trabajar. Hasta ahí, todo bien, pero la Consejería de Sanidad no tenía noticia ni instrucciones para realizar tal informe, además hay que sumarle el colapso sanitario. Choque entre administraciones que se tradujo en nervios y desasosiego en los trabajadores de centros educativos. No obstante, ese fue el inicio de la “Imbrosea”, siento el error, quise decir Odisea.


Siguiendo con el principio de buscar la felicidad de sus ciudadanos o de sus trabajadores, un buen administrador hubiese publicado unas fechas concretas para el sistema SIPRI, sistema en el que se obtienen las vacantes y sustituciones de los docentes. De este modo, los docentes no estarían sometidos a la gran cadena de la incertidumbre, pero no, la administración sacó el día tres cerca de las 12 de la noche la primera convocatoria de primaria ¡Los docentes desgastaron el F5 de sus teclados! Y, lo que es peor, el día diez saca la segunda convocatoria con una oferta irrisoria. El que no pertenezca a este mundo de la educación debe de imaginar que está en la cola de un supermercado esperando adquirir su café favorito y, cuando llega al estante, no queda, más tarde, cuando ha salido del supermercado, llenan el estante de café y, así, sin más, se crucifica a la meritocracia. En secundaria es aún peor, la consejería iba retrasmitiendo en comunicados no oficiales días de apertura de SIPRI para contentar a docentes y sindicatos. Todavía no se sabe una fecha exacta, esperándose el martes. Ustedes imaginen a una madre de familia de Almería que no sabe si acabará en Sevilla y lo complicado que es buscar vivienda a estas alturas de septiembre, no hace falta la ironía para mostrar el mal proceder de la administración. 



Ante estos hechos, solamente puedo llegar a la conclusión de que el señor Imbroda será aplaudido en el Palacio de San Telmo por ahorrarse el sueldo de cinco o diez días de los docentes. No obstante, al haber elegido el método cuantitativo del ahorro en vez de la cualidad de los docentes empeorará enormemente el buen hacer del sistema educativo, sin duda esto no le importa al consejero, es consciente de que es un colectivo desunido y que está durmiendo, pero, debe de saber el consejero, que cuando reiteradamente un gobernante no busca la felicidad de sus ciudadanos estos acaban despertando.  


Frente a esto, no intento realizar unas filípicas a nuestro consejero pues aquí ni yace un Cicerón ni mucho menos hay un Marco Antonio. Pero se llenan los discursos con proclamaciones, banderas y el buen servicio a la nación, y es aquí cuando entra la segunda dicotomía. Durante dos cursos de pandemia el profesorado hizo un trabajo inconmensurable: páginas web; clases virtuales; utilización de la gamificación; elaboración de contenidos y un sinfín de metodologías y actividades. Todo ello, para no dejar colgado a un alumnado, para cumplir con la felicidad de los ciudadanos. Todo ello, sin la ayuda de la administración, porque no vamos a hablar del funcionamiento de la plataforma Moodle que la administración impuso. Ah, por cierto, estuvieron durante toda la pandemia con más de 30 alumnos en un aula sin realizar ni una queja.



Los maestros y profesores hicieron una labor inconmensurable, como se ha dicho, y sería una cuestión de honor haberlos recompensado, pero no, lejos de eso, se ha recortado en 2.500 profesores, se suprimen líneas de la educación pública, se han desvanecido la mayoría de puestos COVID y no se ha realizado inversión (datos de CCOO). La respuesta (o justificación) del señor Imbroda ha sido que hay menos niños, ecce, su idea o modelo de sistema.


Los maestros y profesores han sido unos verdaderos patriotas, unos verdaderos servidores públicos, pero aquellos que se llenan la boca con discursos, permítanme la reiteración, con proclamaciones, banderas y el buen servicio a la nación y que luego han maltratado al personal docente, alejándolo de su felicidad, se convierten en un oxímoron. Porque si algo he intentado demostrar es que la administración no tenía hechos sus deberes, no ha gestionado adecuadamente su material humano y todo ello me lleva a deducir que no tienen un modelo o idea de cómo debe de ser la educación pública ¡Cómo van a entender a Stuart Mill! Por toda la tinta derramada, me resulta cuasi imposible establecer en una oración el nombre de Imbroda y eficiencia sin convertirlo en un oxímoron. 



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