Divina concordia

Desconozco si alguien regaló al Presidente Sánchez un collar envenenado

Emilio Sánchez de Amo
07:00 • 25 sept. 2021

Es curioso descubrir cómo, si te adentras en la mitología griega, hasta con los Dioses, el acuerdo y la concordia siempre se tratan de defenestrar. Si no, que se lo digan a la deidad Harmonía, hija de Afrodita y Ares, quien fue obsequiada en su boda con unos vestidos y un collar envenenados por Atenea y Hefesto. Y es que éstos querían acabar con la diosa de la armonía y la concordia por sus celos ante el amor de los padres de ésta.






Desconozco si alguien regaló al Presidente Sánchez un collar envenenado ante el gran evento político del inicio de curso, la reunión de la mesa de diálogo con Cataluña, pero no me extrañaría, tras contemplar la falta de ganas, por parte de demasiados líderes políticos, de querer dar solución a este conflicto desde el diálogo, más allá de no perder de vista la fortaleza de la Justicia para quienes se saltaron la ley.



Y es que debemos negarnos a dejar de escuchar y contraponer opiniones diversas, pues la discrepancia es buena y necesaria, con la única barrera infranqueable del respeto al otro y la legalidad, dentro de los derechos fundamentales y democráticos.



Pero estamos inmersos en una terrible escalada de odio y falta de respeto a quienes se diferencian en algo a nosotros, lo que viene aparejado a numerosos clichés y estigmas impropios de una sociedad madura y formada. Esta creciente ola de odio debe frenarse elevando un dique de empatía con quien no piensa igual que uno mismo, de búsqueda de elementos comunes para ponerlos en valor, de declaraciones que amainen los vientos que revuelven todo…, un dique de concordia real, sincera y auténtica que sepa ser generosa a la vez que ambiciosa en la defensa de la igualdad de oportunidades, derechos y libertades, sin perder de vista nuestras obligaciones como sociedad en el presente, pero también nuestras obligaciones para quienes están por venir.



La mirada ombliguista, la falta de sentido de colectividad, el egoísmo y el tacticismo político pueden llevar al país a un callejón sin salida que lamentemos en el futuro. Se hacen imprescindibles más gestos en la línea del diálogo abierto por el Gobierno de España y el catalán, gestos que demuestren que los políticos se bajan del Olimpo y dejan de ser dioses, como Harmonía, quien pidió volverse mortal para pasar la vida con su amado rey de Tebas.





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