Las dos caras del nido de tortuga boba

El ángel está loco de alegría desde que nacieron las 20 hembras de tortugas bobas en Mojácar

Moisés S. Palmero Aranda 07:00 • 03 sept. 2021

El ángel, que me aconseja contenerme (ya sabes cómo se las gastan), está loco de alegría desde que nacieron las tortugas bobas en Mojácar. 20 hembras que volverán al mar el año que viene y eso, para una especie tan amenazada, es una buena noticia. Además, todo ha sido gracias a la participación ciudadana, porque un vecino  encontró  el nido y dio la señal de alarma, y una treintena de voluntarios, mientras hacían educación ambiental a bañistas y por las redes sociales, lo han cuidado durante dos semanas. 


El diablo, que me empuja a escribir (por eso mismo, porque sabes cómo se las gastan), pregunta malicioso “20 de 72 huevos, ¿se podía haber hecho mejor?”” Le respondo que ahí no debemos meternos, son los expertos los que deben responder. Son muchas las variables que hay que tener en cuenta y son difíciles de controlar. Decidieron no traslocar los huevos a otra playa o a una incubadora y sus razones tendrían y hay que respetarlas. “A lo mejor -le digo-, si no llega a ser por ellos, no hubiese nacido ninguna”,  “o quizás – responde- hubiesen nacido el doble. Decían los expertos que en el Mar de Alborán era imposible que anidaran las tortugas y el año pasado apareció un nido en Málaga”. Cada uno tiene su teoría, por supuesto basada en los conocimientos acumulados y su propia experiencia, pero quién le iba a decir hace unos años que íbamos a vivir esta diáspora por las costas españolas.


El vitalista cuenta entusiasmado que gracias a las 20, así las llama él, obtendrán mucha información sobre la especie, sus migraciones, los cambios de tendencia que estamos viviendo, y con todos esos datos podremos ayudarlas a recuperarse. El rabilargo le responde que mientras siga existiendo el origen de sus problemas (redes fantasma, choques con embarcaciones, sopa de microplásticos, destrucción de las playas donde anidan o el cambio climático), da igual que salvemos a 20 que a 40, que con el engorde en Algeciras, después de su paseo por Rodalquilar, solo les estaremos dando unas pocas opciones más de sobrevivir en un mar de minas, que no es poco.



El diablo, que ya se ha calentado, comienza  a escupir preguntas. ¿Todo bien?¿Y la guerra de egos desde el momento que aparece el nido para saber quién se hace cargo de él ,si el ministerio, si el CSIC, si la asociación que atiende los varamientos en Almería, si la Junta de Andalucía? ¿Por qué no se informó del nido hasta que no faltaban dos semanas, como se hace en otras provincias, no confían en los almerienses, tenían miedo a no estar a la altura, no sabían cómo custodiarlo durante dos meses?  Si se mantuvo en secreto para protegerlo, ¿por qué cuando hay un acto vandálico no se decide comenzar la custodia?


¿Por qué si a los voluntarios se les aplaude por su excelente trabajo ni siquiera se les ha pagado un seguro, la manutención y el desplazamiento hasta el nido, tan difícil es encontrar en un mes y medio 1.500 euros  para cubrir esos gastos cuando, probablemente, en la comida que se regalaron los políticos tras  las fotos se gastaron mucho más? ¿Por qué no han aprovechado para hacer, durante dos meses, educación ambiental en las redes y en los medios de comunicación y captar la atención de todos como se hacen en otras provincias, donde se pudo seguir por streaming el nacimiento de las tortugas?




¿Por qué no se implica a todos los colectivos ambientales en su custodia  como en otras provincias en las que se cuenta con varias asociaciones para repartir el trabajo y, en este caso, intentar cubrir los gastos de los voluntarios?¿Por qué esos políticos que ahora se hacen las fotos eliminaron las ayudas al voluntariado y la educación ambiental, entre ellas las destinadas al Proyecto Caretta, que estaba diseñado para enseñar a los trabajadores de playas y a la ciudadanía a identificar los nidos, y cubrir los gastos generados por su custodia?


Tengo que parar al diablo o me volverá loco. Lo único que le digo es que le pregunte a la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible, porque son los responsables de la falta de un protocolo para que no haya guerra de expertos cuando aparece un nido, de la falta de recursos al voluntariado, del silencio y oscurantismo respecto al nido, de la poca habilidad de aprovechar el nido para hacer publicidad turística y educación ambiental(ni la nombran en su nota de prensa) de la buena, la del proceso, la de la participación ciudadana, la que busca cambios sostenibles en el tiempo y no parches puntuales improvisados por los propios voluntarios. 


Por cada experto hacen falta miles de educadores ambientales para que la ciencia, el conocimiento, cale a toda la población.



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