Pedro Sánchez y el último vuelo del Fénix

“Triste herencia la que va a dejar a los que con nesciencia e ignorancia, le votaron”

Juan Martínez Fernández 07:00 • 22 jul. 2021

Dice la leyenda, que el ave Fénix, volaba por encima del Nilo, recorriendo Egipto de Norte a Sur, con el fin de recolectar las mejores ramas y juncos con los que construir su nido, usando ramas de canela, hojas de roble, lirios de las riberas de Menfis, nardos de Alejandría, flores de loto y nelumbos del delta de Port Said y mirra de las estribaciones del Mar Rojo. Cuando cada quinientos años (según Heródoto) le llegaba la hora de morir, entonaba una melodía extraordinaria e inigualable, que se iba diluyendo a medida que las llamas consumieran su cuerpo; tres días después, volvía a renacer de sus cenizas pletórica de sabiduría y de fuerza. Del nido que quedaba abandonado tras su resurrección, tomaba el pueblo de Egipto su inspiración para poder dominar al mundo.


Desde el 4 de mayo, la actitud del Presidente de Gobierno, es semejante a la mentada leyenda, la derrota sin paliativos en las urnas de Madrid, unida al fracaso lamentable e innecesario de las mociones de censura de Murcia, y Castilla León, le han obligado a iniciar su vuelo de despedida; pero su vuelo, ya no se desarrolla sobre las nubes, ni es firme y veloz cual el del cóndor; ahora, sus alas están lastradas con el peso del fracaso de quien habiendo prometido lo imposible a un pueblo que necesitaba creer en algo, cuando no en alguien, se ve impotente de conseguirlo ante su propia incompetencia, cegada por una soberbia que le aqueja, sin darse cuenta – posiblemente, porque nadie se lo dice – que la soberbia es el único pecado capital que nunca olvidan los demás y que te piden cuentas cuando detectan que tu fuerza ya no es disuasoria; tal cual acontece al león que viejo y decrépito, ya no le respetan los jóvenes, hasta que uno se atreve, le derrota y le aleja de la manada, sustituyéndole en el harén y en el reparto del festín. De ahora en adelante, comerá con las hembras y dormirá alejado de la manada, expuesto al rigor de la sabana y viviendo de sus recuerdos, tan lejanos como añorados. Sánchez, ha jugado durante más de dos años con el destino de un pueblo ignorante e imberbe que, preñado de rencor, en una generación que actuando de oidas, no tenía motivo ni razón para ello, se ha metido en la boca del lobo sin saber dónde ni cómo se estaba hipotecando para dos o tres generaciones.



Hoy, cuando ha de hacer inventario de sus logros, no tiene más trofeos para exhibir que haber exhumado un cadáver que yacía casi olvidado desde hacía más de cuarenta años; y, como mucho, haber conseguido cambiar los nombres de varias calles que para lo único que sirve es para enfadar a los vecinos y dar trabajo a los carteros. Triste herencia la que va a dejar a los que con nesciencia e ignorancia, le votaron. Ofreció llevar al pueblo español – otros también, de forma igualmente irresponsable, lo prometieron antes – a un estado del bienestar, imposible y utópico, para un país con una deuda superior en casi dos ves al PIB; y ahora, cuando lo tiene, endeudado hasta las cejas, cuando ha comprometido el futuro de dos o tres generaciones de españoles, pretende sacarlo del abismo con impuestos casi confiscatorios y esgrimiendo una bandera demagógica y estulta, cual es la de la ecología. El fracaso de la acción de gobierno es tan evidente que, en una acción de emergencia política, Pedro Sánchez, ha cambiado el gobierno cual entrenador que reniega de sus jugadores a los que considera ineptos, sin pararse a pensar si el inepto es él que ha errado gravemente en las tácticas. Tras la errática, cuando no orática, decisión de pretender marcar el destino de España hasta el año 2050; cuando está intentando convencer a los españoles de que prácticamente hay que ir en bicicleta para no contaminar, él no sale de Madrid sin el Falcon o el helicóptero; y, en el sumun de la ineptitud, ha permitido que la electricidad, hasta ahora, artículo de primera necesidad, se convierta en un artículo de lujo. Europa, en su huida hacia adelante, pretende engañar al pueblo, con el Protocolo de Kioto, un invento para enriquecerse unos cuantos espabilados (entre ellos Alemania) que se aprovechan de la ignorancia de algunos pueblos, en manos de desaprensivos que los tienen endeudados hasta las cejas. Sin la firma de EE UU, Canadá, China, Australia; con África que los ha firmado cual los vaqueros del oeste ponían la cruz sin saber ni firmar ni lo que firmaban; y con Asia, donde la India aunque ha firmado, la foto vale menos que la tinta del bolígrafo empleado, el tal Protocolo, es papel mojado y un símbolo de la estupidez interesada de unos gobernantes egoístas e innobles, cuando no llenos de corrupción que están abusando de sus pueblos obligándoles a pagar unos impuestos que no están en condiciones de soportar sin menoscabo del bienestar de sus familias.


Para colmo, hoy el Tribunal Constitucional, certifica algo que todos los que hemos estudiado derecho sabíamos desde el primer día, las medidas decretadas por el Gobierno afectaban a derechos fundamentales recogidos dentro de la Constitución Española; y que las medidas tomadas, no eran una simple limitación de movimientos sino que eran una confinación establecida incluso con toques de queda, propios de los estados de excepción, donde se debían de haber enmarcado y no del de alarma. La decisión tomada por el Gobierno, con el Parlamento en absurda, parcial e irresponsable connivencia, olvidando que la Constitución no le otorga la capacidad de decidir sobre la libertad de sus ciudadanos, en razón a unos intereses partidistas y, en algunos casos, espurios que perjudican a más ciudadanos que benefician. Un gobierno que recibe una bofetada del nivel de la que le ha dado el Tribunal Constitucional, debe de tener dignidad y dimitir, convocando elecciones de inmediato; un gobierno al que el TC, acusa de limitar la libertad de sus ciudadanos, en base a un estado de conveniencia y no de legalidad; si es democrático, debe de irse y convocar elecciones; lo contrario, es propio de las dictaduras en las que los gobernantes, gozan de la patente de corso. La Sentencia del TC, es sencillamente una flecha que ha herido de muerte al Ave Fénix de Sánchez, cuando ésta intentaba reiniciar el vuelo. Y, ya que es un especialista en exhumar cadáveres, debe saber también enterrarlos cuando le afectan directamente.




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