Miedo a despertar

Rafael Torres
07:00 • 18 may. 2021

Una madre de Gaza le dice a un periodista que sus hijos temen irse a dormir por si no han de despertar. Sin embargo, lo más probable es que teman tanto dormir como despertarse: el sueño, pese a todo, puede ser dulce; el despertar, una pesadilla.



Los hijos de esa mujer palestina nacieron y se han criado entre explosiones, metralla y escombros, y ella misma también. Aun así, no acaban de familiarizarse con la muerte, pues están vivos, aunque de milagro. Al despertar, en el caso de haber podido pegar ojo bajo las bombas, encienden la luz y no hay luz, abren el grifo y no hay agua, salen a la calle y no hay calle, se dirigen al colegio o al trabajo y no hay colegio ni trabajo. Tampoco está el edificio de enfrente, el que acogía a la prensa internacional, volado por las bombas israelíes, ni el quiosco de los helados y las chucherías, ni la panadería.



No están los vecinos que, mal que bien, trajinaban cotidianamente a esa primera hora: unos trepan por las montañas de escombros, removiendo hierros retorcidos y cascotes; otros, sin vida bajo ellos. Despertarse en esas circunstancias es pavoroso, tanto como el de rendirse al sueño con el miedo cosido al corazón. La familia de esa mujer gazerí, sólo anónima porque el periodista no le preguntó su nombre, esperaba recibir vacunas, y les mandan eso, tal es la brutal asimetría de vidas y destinos a un lado y otro del muro.



En el otro lado, el ocupado por Israel como, por lo demás, casi todos los lados de ese martirizado rincón del mundo, también hay miedo a irse a dormir, aunque mucho menos a despertarse. Caen erráticos cohetes de poca carga explosiva pero de gran efecto psicológico que a veces se cobran algunas víctimas, muchísimas menos que en lado de allá y tan inocentes como ellas. Y donde los lados son difusos, donde conviven palestinos y hebreos, el miedo a dormir y despertar, atizado por los indeseables que gobiernan, enfrenta a los vecinos, que se apuñalan y se tirotean por las calles.



La comunidad internacional asiste impávida a la enésima entrega de la masacre, apenas sobresaltada a la hora de los noticiarios que sirven las escalofriantes imágenes. La familia de esa madre palestina, entre tanto, teme tanto dormir como despertarse.






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