Voxicina en vez de Ciudadax

Pues sí, ya ha llegado para los madrileños la segunda dosis de Ayuso, que se administrará durante los dos próximos años reforzada con Voxicina, toda vez que el Ciudadax que completaba la primera no le proporcionaba a la presidenta la deseada impunidad, perdón, inmunidad. No se sabe si esta segunda dosis podrá ponérsela uno en cualquier bar.


Isabel Díaz Ayuso ha cimentado su incontestable triunfo electoral añadiendo a sus pobres resultados de 2019 el reingreso del electorado de Ciudadanos a su espacio natural, 26 escaños para la buchaca, y sumando a ellos algunos otros de la anterior abstención, que no era tan de izquierdas como se pensaba. Visto así, que es bastante como es, las elecciones regionales del martes no fueron un plebiscito, cual Ayuso pretende hacer creer, sino un simple y previsible reordenamiento del voto conservador, del que en Madrid tanto hay.


Pero también la izquierda se ha reordenado, o, mejor dicho, la han reordenado, y cuando algo no se reordena por sí mismo, sino que se lo reordenan, es peor. Le queda, eso sí, el fundamentado consuelo de que de los fracasos se aprende más que de los éxitos, y el de la prometedora figura que ha emergido de sus filas, esa Mónica García que parece tener toda la chispa que le falta al bueno de Ángel Gabilondo, al que en esta campaña no parece haber entendido nadie, ni los electores, ni el PSOE, ni él mismo, forzado por el partido y por el políticamente extinto Pablo Iglesias a ser otro y a hablar de otra manera.



Edmundo Bal, por su parte, podría dar mucha lástima, pero se lo ha pasado pipa, y eso que se lleva el hombre. No se le puede responsabilizar, desde luego, de la desaparición de un centro que en Madrid, ni en España seguramente, nunca existió, toda vez que el centro siempre es de derechas, aunque sí de haber ofrecido esa imagen un punto indigna de cortejar a quien le despreció, ese PP que mandó a Ciudadanos a las simas abisales para entenderse mejor con Vox.


Y de Iglesias, ¿qué se puede decir? Él, con sus actos, lo ha dicho todo. Listo ha demostrado ser, pero la inteligencia es otra cosa, esa que sirve no tanto para llegar a donde puede llegar cualquiera, como para mantenerse y consolidarse como solo pueden hacerlo unos pocos. Queda al frente del partido que construyó y que, según construyó, se puso a destruir concienzudamente, una Yolanda Díaz que, ella sí, puede contribuir a fortalecer una izquierda que ve marchar a Pablo Iglesias con alivio, con mucho más alivio que la propia Ayuso, dónde va a parar.




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