Abril para vivir

Hace aproximadamente una década conté en estas mismas página que si no hubiese transcurrido una primera decena de años de ausencia –entonces-, a buen seguro que hoy habría alzado  su voz de denuncia sobre tantas injusticias y habría compuesto algún nuevo tema dedicado al sufrido pueblo saharaui, o habría contado y cantado  las verdades de los poderosos padres del capitalismo que dejan muerto de hambre a medio mundo y suman  en una crisis social y económica al resto de los humanos. Si su voz de andaluz universal no hubiera quedado dormida entre rosas a ciencia cierta que hoy, de nuevo, habría entonado alguna novedosa murga de los currelantes, o  tal vez se hubiese vuelto a acordar de Elisa Serna, que amaba las lunas de abril. Un abril que como todos los abriles nos brinda el universo inmenso de uno de los andaluces más universales: Carlos Cano, cuyo universo creativo se pudo compartir ayer en un concierto memorable, en el que bajo la dirección de Giulia Valle, compositora italiana, arreglista, contrabajista y una de las voces más prolíficas, originales e internacionales de la escena de jazz, se presentó el álbum “Carlos Cano en clave de jazz”, grabado en directo el pasado mes de marzo en el seno de la programación del festival Barnasanst de Hospitalet del Llobregat. Un concierto incluido dentro de la agenda #75CarlosCano, en conmemoración de los 75 años del nacimiento del cantautor andaluz fallecido en el año 2000, impulsada, promovida y  desarrollada por la Asociación Carlos Cano y Producciones Carlos Cano.

No es baladí, por tanto, el grito ¡Carlos Cano Vive¡, veinte años después de su hasta luego y sesenta y cinco desde su venida al mundo, porque su posteridad permanece en su legado y en su obra, nutridas entrañablemente por el empeño y la infatigable labor de Alicia, Amaranta y Paloma, su mujer y sus dos hijas, respectivamente, quienes, todas a una, no han cejado durante las dos últimas décadas en su lucha para divulgar la obra poética y musical del artista. A ellas se debe también la reciente publicación de “Carlos Cano. Voces para una biografía”, un libro del fotógrafo almeriense Juan Miguel Morales y del periodista Omar Jurado que recorre la vida y trayectoria artística de Cano, a través de medio centenar de amigos y familiares. Una obra dedicada a Alicia Sánchez, mujer del trovador, y a Emilio Fernández Adarve, abuelo de Carlos Cano, fusilado en 1936, “con la que se ha pretendido  rescatar, en estos tiempos de zozobra, al Carlos Cano como referente cohesionador de la identidad andaluza, aquella que se forjó en el fragor de la lucha contra la tiranía y por las libertades, y que hizo de la verde y blanca un emblema esperanzador”, en palabras de Amaranta Cano.

El viaje a la memoria contextual de Carlos Cano,  a los recovecos de su obra creadora, a las pulsiones de su pensamiento, invita inevitablemente a evocarlo, a escucharlo, a intentar descifrarlo, a seguir queriéndolo a sus setenta y cinco años, que es lo que hace su familia, sus amigos y sus admiradores, como Alicia Sánchez, su mujer: “...Carlos y yo crecimos juntos, teníamos complicidades maravillosas. Siempre he dicho que no se puede hablar de Carlos sin  Alicia, ni de Alicia sin Carlos. Forma parte de mí… Era un hombre muy amoroso, muy tierno, al que le gustaba el contacto físico, siempre dedicado a la familia. Y nuestra casa fue siempre su refugio. Siempre volvía aquí porque es donde encontraba la paz. A nuestras hijas y a mí siempre nos tuvo protegidas…. me quedaría con toda su obra, no tiene desperdicio”.




En tanto que para Amaranta Cano:  “ Mi padre era un vitalista que defiende la vida, el amor, la razón, los pequeños gestos de humanidad, la ternura, la tierra, la libertad, un atardecer. Son valores que no debemos perder nunca. Valores que están en sus letras y en su filosofía”, y según Paloma Cano: “ Era una persona muy especial, tierna, sensible, no le gustaban los conflictos, tranquilo y a la vez complicado en su mundo creativo, solidario, un hombre cariñoso que nos cuidaba mucho, se interesaba por lo que queríamos y nos apoyaba en todo”.




Tras una larga y paciente espera por la incomprensible e injustificada inacción de diferentes corporaciones municipales granadinas, la familia del autor ha podido descubrir, por fin, una placa que recuerda la casa donde nació el cantautor, de quien Saramago dijo que “tiene el corazón abierto hacia el sur. Hacia el sur trágico y sufridor, hacia el sur irónico que ríe de su propia resignación, hacia el sur amasado de su imaginación y sensualidad, hacia el sur que para no perder el alma rehúsa a ser otra cosa que sur”. Un sur con setenta y cinco abriles plenos de sentimiento, emotividad, arte y dignidad. Abriles setenta y cinco en los que, como precisara Fernando González Lucini, Carlos nos dio y sigue dando vida, cariño y amistad, como en su “Luna de abril”: “Abril para vivir abril para cantar/Abril flor de la vida al corazón/Abril para sentir abril para soñar/Abril la primavera amaneció…” 


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