Crítica literaria: Juan Manuel Gil, o la capacidad de fabular

‘Trigo limpio’ es un antídoto contra la turbia sinceridad de la no ficción

El escritor, filólogo y profesor Juan Manuel Gil (Foto: Tamy Chaud).
El escritor, filólogo y profesor Juan Manuel Gil (Foto: Tamy Chaud).

La última novela de Juan Manuel Gil, ‘Trigo limpio’, ganadora del Premio Biblioteca Breve, es un antídoto contra lo que Vila-Matas llama la épica del transpuerilismo, y la turbia sinceridad de la no ficción y demás tendencias narrativas. El escritor catalán fue uno de los integrantes del jurado que concedió este premio, de un prestigio que se asocia con la mejor literatura contemporánea en lengua española. La novela de Juan Manuel Gil se construye desde una aparente revisión de lo vivido, como si en la infancia, un tiempo que muy pronto es ya pasado, estuviera la clave de lo que queda por esclarecer para saber quiénes somos, aunque para ello haya que adentrarse en esas zonas sombrías de la memoria. Y digo aparente porque lo mejor de la literatura es su capacidad de fabular. A ese territorio, un Alquián donde la vida de barrio tiene las servidumbres de los lugares pequeños, donde todo el mundo se conoce, sobre todo para mal, nos lleva su escritura. En sus límites nace esta historia y la de su anterior novela, ‘Un hombre bajo el agua’, igualmente recomendable y con la que tantas cosas tiene en común, incluso algún personaje, y a la que el narrador de ‘Trigo limpio’ regresa como uno más de los muchos registros literarios que utiliza para reivindicar la musculatura del género novela, sin más límites desde Cervantes que la propia imaginación.


El narrador traza un relato en el que las raíces autobiográficas, los descampados y los pasadizos, los búnkeres de la playa, y el aeropuerto se muestran como territorios prohibidos y por eso mismo, si se trata de literatura, proclives para ser el escenario de héroes, o de cobardes. No hay costuras ni pespuntes que delaten la ficción de esta historia porque es verosímil, y atrapa. Una escritura, al mismo tiempo cercana por su naturalidad, lo más sencillo es siempre lo más difícil de hacer, que se enriquece con diálogos llenos de humor, casi transcripciones, una mímesis de la conversación que inventa un oído atento a las cosas del vivir que en estas tierras almerienses aún conserva las primicias de una antigua naturalidad. A esa agudeza del autor hay que añadir su admiración por lo oral, la fascinación de contar historias, un vértigo que trasmite al lector, y un lirismo que se agradece por inspirador a través de imágenes y correspondencias, sutiles pero precisas, que iluminan muchos párrafos de este ‘Trigo limpio’, y que tanto se echa de menos en la narrativa actual.


Una historia que rompe los moldes tradicionales, formando un puzle con las piezas del simulacro de la autenticidad, y con intriga y suspense.



Una buena noticia la de este premio para un almeriense, y por una extraordinaria novela que debería alentar el trabajo de toda una generación de narradores que desde Almería miran por primera vez mas allá de la provincia.



 

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