Lo de las cuatro vicepresidentas y, en el centro, Sánchez

Vender una remodelación de Gobierno diciendo que España es el único país del orbe que tiene cuatro mujeres como vicepresidentas es algo que solamente Pedro Sánchez podría hacer igualmente en todo el mundo mundial. Independientemente de que la escenografía, rodeado de las cuatro ‘vices’ para la foto de familia, denota muchas cosas -”parece un macho alfa”, me dijo una colega--, el argumentario para el ‘cuaderno de venta’ del Ejecutivo me resulta demasiado simple, como para párvulos: no me cabe duda no solo de que España es el único país del mundo con cuatro mujeres vicepresidentas, sino de que también debe de ser uno de los pocos que tiene cuatro vicepresidencias en un mismo Gobierno. Que, por cierto, con el incremento experimentado este martes, debe de figurar entre los más nutridos del planeta. Por récords que no quede.


Nada que objetar, desde luego, a la personalidad ni a las capacidades de las cuatro ‘vices’: creo que han mostrado, con los altibajos y claroscuros correspondientes, estar preparadas para asumir sus cargos, que es cosa que no puede decirse de todos los ministros y ministras en el mundo sanchista. Pero siempre me ha parecido superflua y vana la presunción de que si un Gobierno tiene tantas mujeres como hombres, o más mujeres que hombres, o viceversa, funcionará mejor que si no se diese la equiparación o el desequilibrio correspondiente. Un Ejecutivo tiene que tener a los teóricamente mejores, independientemente del sexo del o de la titular de la cartera. Puede que las cuatro ‘vices’ estén entre los mejores, pero no por ser mujeres, ni debe ser esta cuestión a destacar cuando se comenta la trayectoria del poder Ejecutivo. ¿O sí?


Pero, al margen de cosméticas y toques de trompeta, lo verdaderamente preocupante es que Sánchez, que anunció su ‘nuevo’ (no tan nuevo en realidad) equipo sin admitir preguntas, sigue fiándolo todo a las apariencias, a la imagen, a los trucos del prestidigitador de la comunicación. La falta de transparencia sigue siendo tan obvia que de cuando en cuando nos tira de la orejas (bueno, a nosotros no, a Pedro Sánchez, Iglesias, Echenique y demás) hasta el Departamento de Estado norteamericano -que bien podría, por cierto, aplicarse también a indagar por las violaciones a la libertad de expresión cometidas durante la ‘era Trump--.



Que la relación entre el Gobierno (todo el Gobierno, no solamente la parte ‘morada’) y los medios es mejorable lo demuestran muchas cosas. Pero, por si faltase algo, constatamos que en el mensaje de despedida de Pablo Iglesias como vicepresidente segundo se habla con indisimulado rencor de “las oligarquías” que hay “enfrente” del Gobierno, que “ejercen su inmenso poder político, económico y mediático”. Incluir a los medios en la lista de los oligarcas es manía que el ex vice y candidato a presidir la Comunidad de Madrid ha arrastrado durante su bastante breve paso por las alfombras rojas del poder. Y que ya antes sustentaba de modo por completo erróneo, a mi entender de casi experto en maltrato informativo por parte del líder de Podemos. Lo que no quiere decir que el ‘otro sector’ de la coalición derroche sus atenciones hacia los periodistas, desde luego.


Sustentar la política de comunicación en la propaganda o en fomentar el ataque al bando rival -lo que está ocurriendo en la Comunidad de Madrid, donde el intercambio de balas, bolas y bulos verbales en esta precampaña resulta ya escandaloso_es la mejor manera de atacar a la verdadera libertad de expresión, que es una de las libertades fundamentales de la persona. Fomentar las ‘fake news’ para llevar el agua al propio molino es la peor versión de la opacidad. Se queda corto el informe del Departamento de Estado norteamericano, porque alude solamente a casos de agresiones verbales contra periodistas, y no a ese mal generalizado que consiste en ignorar sus preguntas y en no dar casi nunca respuestas completas.



Ya digo: deberían haber escuchado con atención los informantes del documento oficial de Washington las explicaciones sobre el Gobierno ‘feminista’ que nos dio Sánchez, eso sí, sin admitir que nadie le interrogase sobre otros aspectos de la ‘remodelación’ ministerial, su alcance y perspectivas, precisamente en un día en el que se hacía urgente conocer una versión oficial sobre lo que está pasando en Cataluña, por poner solo un ejemplo. De momento, la foto en el centro de las cuatro ‘vices’ al ‘presi’ le salió redonda. Y a mí me parece que el feminismo no es eso. Y la comunicación veraz y amplia, aún menos.

 

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