Incesantemente niños

No es de extrañar que en la antigua Baria, donde hoy se levanta la localidad de Villaricos en el levante almeriense, tomaran como deidad a Astarté, diosa que representaba el culto a la madre naturaleza y la fertilidad, y es que este enclave fue deseado por sus buenas tierras donde poner en práctica su agricultura intensiva, sus posibilidades de producción de hierro y plata, así como por su enclave geopolítico en el Mediterráneo, y donde confluían tres ríos que ayudaba a la conexión con el interior de la península. Fue allá por el siglo VII a.C. cuando fundaron la ciudad con el asentamiento de los fenicios, llamados phoínikes (rojos) quizás por el color púrpura de los tintes con los que comercializaban, de ahí su deriva en poenus, tomando los romanos este nombre para llamar a las Guerras Púnicas así, pues fueron libradas entre romanos y cartagos, cuyos ancestros eran fenicios.


Este es casi el comienzo de toda una historia de una necrópolis, la de Baria, conquistada por los romanos en las Guerras púnicas, que hay quien se empeña en sepultar bajo nuevas construcciones en la actual localidad de Villaricos. La Asociación ‘Unidos por Baria’ ha conseguido que se apruebe la tramitación de una proposición no de ley en el Parlamento andaluz para poder salvaguardar los restos de Baria, gracias al apoyo de los parlamentarios suficientes; el PP se abstuvo en uno de los puntos, y no es de extrañar, porque el Gobierno andaluz emitió una resolución que permite destruir este matrimonio histórico, según aportó el PSOE. Lo que lleva a pensar que el Gobierno de Moreno Bonilla pueda dejar en el olvido esta iniciativa, cuando deberían proclamar este yacimiento como BIC.


Que la Junta deje que se construyan 24 apartamentos sobre la necrópolis de Baria sería sepultar parte importante de nuestra historia, la misma que los poderes públicos están obligados a conservar y velar por su estudio, dado que ello favorece el entendimiento de gran parte de lo que nos acontece, nos proporciona una visión más amplia de lo que somos, porque, como decía Cicerón, “No saber lo que ha sucedido antes de nosotros es como ser incesantemente niños”, y a todas luces, este es el estado actual del PP, como un niño al que le quitan su juguete preferido, capaz de destrozar el castillo de los playmobil para poner encima un scalextric. 






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