Pedro Sánchez llevaba razón

Cuando Pedro Sánchez dijo que pactar con Iglesias acabaría quitándole el sueño, ni él mismo sabía cuánta razón llevaba. Después cambió de opinión y aquel indeseado insomnio se convirtió en la placidez que aporta un socio preferente. La impostura es una posición tan habitual en la política que a nadie sorprendió tan previsible cambio de trinchera.

Hace unas noches vi en Netflix una película sobre la vida, dramática en su final, luminosa en su desarrollo, de Milada Horáková, una mujer checoslovaca encarcelada en un campo de concentración por los nazis y ahorcada en una cárcel por los comunistas a los cuarenta y nueve años por defender la democracia y la libertad, y no pude (ni quise) evitar caer en la tentación de comparar la fortaleza de las convicciones de aquella política luchadora de entonces con la insoportable levedad de los políticos de ahora.

Lejos de mi intención defender la llegada hasta el martirio ni en la política ni en ningún otro aspecto. Pero desde la inmolación hasta el cinismo hay un trecho en el que la ética y la estética puede encontrar acomodo.

Las últimas semanas están siendo una secuencia de deslealtades permanentes de Pablo Iglesias con el gobierno del que es vicepresidente a la que Pedro Sánchez asiste, no solo con la pasividad de quien está dispuesto a soportarlo todo, sino con la impudicia de censurar, no a Podemos por romper la coherencia que debe habitar en un gobierno, sino a quienes desde el PSOE se atreven a censurar esa deslealtad hacia su gobierno.

Que Pedro Sánchez no tiene escrúpulos, ya lo sabíamos; que ha estado y estará dispuesto a hacer cualquier tipo de concesión para blindar la legislatura es cosa probada; que ha convertido al PSOE, no en un partido más democrático en su funcionamiento interno, sino en una empresa en la que solo importa el puesto (remunerado, por supuesto) que tengo allí y en el que él es el César y todo lo demás (comité ejecutivo, comité federal, comité territorial, federaciones) no sirve para nada, es una evidencia incontrovertible. 



La política española transita desde hace años ya por esos carriles así en el gobierno como en la oposición. Para unos y para otros lo importante es el poder y, todo lo demás- las ideas, la coherencia, las convicciones, la lealtad- no pasan de ser recursos literarios para el argumentario en el que abrevan los hooligans que les siguen.

Pero todo debe tener un límite, hasta la impudicia. La maniobra orquestada (o no) en la oscuridad por Pablo Iglesias del pacto con Bildu es una línea que nunca debería haberse traspasado. Los defensores del pragmatismo argumentarán que la aprobación de los Presupuestos justifica el acuerdo. No es así. El fin no justifica siempre los medios y, en el trámite presupuestario, los votos de los radicales vascos no son imprescindibles; pero, aunque lo fueran, nunca deberían pactarse con ellos. 

Si PSOE y Podemos critican que PP y Ciudadanos pacten con Vox porque no condena el franquismo ni los crímenes cometidos por la dictadura, ¿qué razón les asiste para que ellos pacten con quienes se consideran continuadores de la ideología de ETA y no han condenado ni pedido perdón por sus crímenes?

Iglesias ha ganado esta batalla al PSOE y, crecido en su victoria, Podemos ha continuado su estrategia presentando una enmienda conjunta con Bildu y ERC a los Presupuestos, desautorizando la posición del gobierno sobre el último conflicto en el Sahara o censurando al ministro Marlaska por lo sucedido en Canarias. Deslealtades, todas, que han provocado la censura de dirigentes históricos y actuales del PSOE y a los que el partido solo ha dado respuesta a través de Adriana Lastra para situarlos en el pasado erigiéndose ella y ellos en el presente y en el futuro del partido. ¡Qué atrevida es la ignorancia cuando se acompaña de la estupidez! Lastra, que no ha gestionado en su vida ni una comunidad de vecinos, dando lecciones a quienes han transformado y modernizado España. Jo, qué país, que diría el blasillo del Forges.

Estos años han demostrado que Sánchez no tiene escrúpulos, pero también han avalado que tiene muy buena memoria. Por eso nadie pone en duda que desde el momento en que la presidenta del Congreso pronuncie la proclama oficial de que los Presupuestos han sido aprobados por el Pleno, Sánchez comenzará a poner en práctica su estrategia de venganza. Y Podemos estará en primera posición. Lo hará sin estridencias, al modo borgiano y a la usanza florentina. Pero la ejecutará.

Lo que no sabemos es el resultado y es que, como sostiene Milada Horáková en una secuencia inolvidable, el nazismo y el comunismo son como los lobos, siempre tienen hambre. A ver quien despezada a quien


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