Los Trumpitos

Javier Adolfo Iglesias 00:23 • 12 nov. 2020 / actualizado a las 07:00 • 12 nov. 2020

¿Cómo están ustedeeeeeeees? ¡Más fuerte que no se oye!.  Bieeeeeeen.., por decir algo. Este es el circo de España, y aunque nuestro  espectáculo sea triste, gritamos porque el “show must go on”. Estamos bien, bien jodidos: el virus avanza, nos acorrala y obliga a replegarnos para resistir su ataque; los economistas advierten a Sánchez de que no le salen las cuentas; el gobierno cede ante sus socios nacionalistas el relegar el español aún más en las escuelas de media España; las ministras de Sánchez se enredan en lo que debe o no ser controlar la verdad en los medios de comunicación; hasta se anuncia una nueva fecha para la vacuna sin recordar que ya se había anunciado a bombo y platillo otra mucho más temprana.


Estamos jodidos, pero menos, porque los estadounidenses han echado a Trump.Las elecciones en los Estados Unidos se han vivido en nuestro país como si Kentucky cayera al lado de Los Gallardos y Ohio junto a Chercos Viejo. No he visto tanta pasión hispana por el país de Elvis desde la final de baloncesto en Los Angeles 84. La celebración ha sido tal que parece haber triunfado allende los mares la “alerta antifascista” que el hoy vicepresidente proclamó el 2 de diciembre de 2018 tras las elecciones autonómicas en las que VOX llegó al parlamento andaluz. 


Para Iglesias, Trump es el modelo y líder de todo lo que él llama “la ultraderecha” en Europa y en España. Y los seguidores de Abascal le dan la razón porque ambos se buscan para golpearse como payasos en la pista. Amigos míos fieles de VOX han vivido con tanta pasión la campaña yanki que incluso han difundido en redes sociales un infame montaje de video en el que ya presidente electo Biden besa, acaricia y agarra a mujeres, adultas, adolescentes y niñas, afirmando que es un “viejo menorero”. 


En España no ha habido un personaje más parecido a Donald Trump que Jesús Gil. Pese a su enorme popularidad, el dueño de Imperioso no triunfó más allá de Marbella y algunos municipios del sur. A la zaga en ‘trumpismo’ le fue José María Ruiz Mateos, que usó las europeas para fugarse como eurodiputado a Estrasburgo, al estilo Puigdemont.


Estos personajes ‘trumpianos’ no triunfaron en los 80 y 90 porque no existía aún el caldo de cultivo que encontrarían años más tarde Trump, Iglesias y Abascal. Sí, los tres juntos, como Gaby Fofó y Miliki. No me gusta esta metáfora negativa e injusta del circo y los payasos, pero sigue funcionando. 



Abascal e Iglesias se parecen más entre ellos y con Donald Trump de lo que creen sus seguidores. Tienen claras diferencias pero también fuertes coincidencias, y no son menores.  Donald Trump llegó a la Casa Blanca como un ‘outsider’, un no-político alejado de las élites de Washington que representaba Hillary Clinton. ¿Que ha sido si no, el ya olvidado discurso de Podemos contra la casta? Los tres políticos prefieren las redes sociales a los medios de comunicación sociales. Si de Trump hemos visto cómo se ha enfrentado cara a cara con más de un periodista, Pablo Iglesias es capaz de burlarse del abrigo que lleva una periodista que le hace una pregunta incómoda, o Abascal prohíbe la entrada a sus mítines de periodistas nada dóciles. El uso de twitter llegó al delirio en el caso de #Iñigoasino en Podemos. 


El personalismo, el culto a la personalidad en los tres es claro. ¿Alguien cree que sobreviviría Podemos sin Iglesias o VOX sin Abascal? Si Trump ha enchufado a hijos y yernos en la administración federal, Iglesias colocó a su pareja, nada más ni menos que de ministra. Al igual que Trump no ha podido en un año cumplir bravuconadas como la del muro que pagaría México, Iglesias lleva un año en el gobierno y apenas se deja notar si no es para colar un manifiesto casi universitario en un viaje de Estado junto al rey. 


Los tres políticos populistas y antiglobalización son agresivos verbalmente con sus rivales, a los que considera mucho más, enemigos. Y los tres juegan con el lenguaje, a enredar con él en lo que se ha llamado post-verdad. El clima del Congreso en España nunca había sido más arisco y desagradable hasta que los líderes populistas de derecha e izquierda españoles llegaron a él. Lo convirtieron en un  circo de insultos y acusaciones extemporáneas, un anticirco. 


Pasaron los años y el ingenuo espectáculo lleno de encanto de Gaby, Fofó y Miliki no pasó la prueba de la España en los 80. Aquellos niños que amábamos el circo de TVE ya habíamos crecido mientras salían los epígonos Rody, Rita y los Gabytos. Espero que estemos cerca de esa fase de la política en España, en la que la marcha de Trump sea el anticipo del fracaso de los Trumpitos que tanto mal han hecho a la convivencia. 


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