Esto es una mierda

Me conmueve el modo en que los niños se acercan a los insultos y en cómo los adultos reprendemos el agravio. “Voy a lavarte la boca con jabón” es uno de mis preferidos. Recuerdo que siendo una cría me aficioné a los improperios y que mi negativa a abandonarlos era tal que decidí morder una pastilla de jabón, para saber si el castigo era tan atroz y despiadado como para replantearme mi nueva jerga. Aquellas palabras malsonantes me convertían, o eso pensaba yo, en adulta. Era el único momento en el que dejaban de formularme preguntas estúpidas y abandonaban ese sonsonete propio que se adquiere al hablar con un niño. ¿Por qué les hablamos como si fueran imbéciles? He descubierto hace poco que esa entonación forzada que se emplea con los bebés y se extiende a los niños –y si me apuran al actual estado de pandemia– es el maternés y que su finalidad es que los más pequeños interioricen y aprendan el mensaje a fuerza de repetición.


“Esto es una mierda”, me ha dicho mi sobrina mientras comíamos. Buscando la complicidad a la que todo niño aspira cuando quiere dejar de ser tratado como tal. “Qué fea te pones cuando dices palabrotas”, le he increpado, siendo consciente de que estaba en lo cierto: ahora mismo todo es una mierda. “Mierda, mierda, mierda”, ha repetido. “¿De dónde habrá aprendido eso?”. A veces creo que la ingenuidad que pierden los niños la recuperan sus padres.


Ramón Fernández Pacheco escribía el otro día en su artículo: “Seamos más responsables que nunca” y yo me acordé de mi sobrina, pero también de Kurt Rusell en Tango y Cash, cuando grita que todo es una mierda, y del maternés, del sonsonete que nos pide sensatez y responsabilidad individual, como si aún no hubiésemos interiorizado el mensaje. “Esto es una mierda”, no lo digo yo, lo dice mi sobrina, lo dicen los hosteleros y el mundo de la cultura, los enfermeros y los autónomos. Lo dice el alcalde cuando habla de las medidas restrictivas. Lo decimos todos, porque el insulto, y a eso iba, sirve como paliativo. Me fascinan las palabrotas, aunque luego las increpe. El jabón no está tan malo como algunos creen. Esto es una mierda.




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