Ni pizca de gracia

Imagínense por un momento que cualquier dirigente del PP o de Ciudadanos hubiera tenido la lamentable ocurrencia de hacer un comentario machista y grosero sobre las enfermeras. Con razón, con toda la razón, se habría armado un escándalo mayúsculo y sin duda dirigentes socialistas del PSOE y de Podemos, habrían salido en tromba pidiendo la dimisión del protagonista de esos comentarios.


Pero en nuestro país los políticos, sean del partido que sean, tienen dos varas de medir, con la que se miden ellos y a los suyos y con las que miden a los demás. La vara propia es flexible y benévola mientras que la vara que se utiliza para los ajenos es de dureza granítica.


De ahí que las declaraciones de Fernando Simón en una entrevista “on line” con un canal de Youtube de los hermanos Pou bromeando con evidente mal gusto sobre las enfermeras, no haya provocado más que alguna mueca de disgusto en la izquierda pero sin que el Gobierno se plantee simplemente cesarle.

La pregunta era si le gustaban las enfermedades infecciosas o las enfermeras infecciosas y la respuesta del inefable Fernando Simón fue que si las enfermeras eran infecciosas o no se veía unos días después.


Que el Consejo General de la Enfermería haya calificado estas frase de marras como sexista y vejatoria no parece que preocupe mucho entre las feministas oficiales del Gobierno.



Que Fernando Simón continúe siendo el portavoz gubernamental de cuanto acontece en la pandemia del coronavirus pone en evidencia lo de las varas de medir.


El señor Simón viene diciendo un día una cosa y al siguiente lo contrario con desparpajo y sin sonrojarse. Sirva de ejemplo que tan pronto nos dijo que no era necesario llevar mascarillas como poco después afirmaba que son imprescindibles.


No, no voy a echar la vista a la hemeroteca para seguir poniendo ejemplos, pero si diré que don Fernando Simón se ha creído que es todo un personaje y de ahí que en plena pandemia se fuera a bucear para participar en un programa de televisión.


En mi opinión don Fernando Simón está abrasado, carece de credibilidad y resta más que suma a los esfuerzos del Gobierno a la hora de colocar sus mensajes sobre la pandemia.


Pero sobre todo produce sonrojo el descaro de cómo utiliza su vara de medir la coalición gubernamental. Esa actitud meliflua respecto a las declaraciones sexistas de Fernando Simón contra las enfermeras deja en evidencia a muchas de las dirigentes políticas que se autodenominan feministas.


Don Fernando Simón no tiene ni pizca de gracia y se les debería caer la cara de vergüenza a quienes le ríen las supuestas gracias.


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