Almería a la Habana: reseña histórica de un militar de la orden de San Fernando

Repasando la biografía del que fuese cadete en el Regimiento Provincial de Infantería de Almería, ubicado en el actual cuartel de la Misericordia, D. Antonio Davalos del Castillo, me viene a la memoria la relación de este accitano con Almería, tanto al inicio como al final de su carrera militar. Gracias a que pude conseguir del Archivo Histórico Militar de Segovia el expediente personal del que fue mi tatarabuelo, pude comprobar lo que cierto había en algunos comentarios de la familia. Comienza de este emotivo modo: “ Granada, a 30 de enero de 1896. Tengo el sentimiento de participar a V. S. que el día 20 del actual falleció en la ciudad de Guadíx, mi representado el Teniente Coronel de Infantería retirado D. Antonio Dávalos del Castillo”....

Así se inicia su expediente personal, el de un militar que había iniciado el Almería su vida profesional, tras solicitar en Agosto de 1841 su ingreso como cadete en el Regimiento Provincial en donde, tras un año, adquiere la condición de subteniente y, tras varios destinos, adquiere la de teniente por pasar al Ejército de Ultramar en la Habana. En su expediente consta que la madre del cadete, ya viuda, había hipotecado algunas fincas para financiar sus estudios militares en Almería.  


Ahora que Cataluña está en nuestro pensamiento es bueno saber que en Nueva Orleans existía una familia de origen catalán, uno de cuyos miembros,  por el destino, se convierte en la primera esposa del joven teniente de ejército en Cuba. En efecto en 1850 se encuentra destinado a la “la siempre fiel” isla de Cuba, luchando contra piratas según su hoja histórica militar, en donde conoce a su primera esposa, Dª Matilde Bornio Calonge, con quien contrajo matrimonio sin que mediase la autorización de sus superiores en 1851, lo que motivó que en instancia fechada el 19 de mayo de 1852 el joven teniente  pidiese acogerse al Real indulto otorgado por Isabel II con motivo del nacimiento de la princesa de Asturias. 


Se había casado un  año antes de paisano en la Habana, pero no pudo conseguir la gracia de su Majestad, a pesar del expediente tramitado conforme a los usos de la época que acredita la “legitimidad, limpieza de sangre, buena vida y costumbres” de la ya esposa del teniente Dávalos,  porque  el dos de septiembre de 1852  D ª Matilde fallece en la Habana con tan solo veinte años de edad. Consta que su familia residía en Nueva Orleans de  Estados Unidos de América, en la capital de la antigua Luisiana y colonia española, en donde el padre, de profesión comerciante, otorgó poder autorizando el fallido matrimonio. Esta colonia estuvo en poder de España desde 1763 a 1803, antes de pasar a manos de los franceses, perteneciendo a la Capitanía General de Cuba, por lo que curiosamente en 1851 esta familia pudo otorgar un poder en español ante un notario de apellidos españoles, según consta en su expediente personal.


 De vuelta a su tierra natal, afectado por tan desdichado acontecimiento, recobra las fuerzas y  en situación de reserva en Almería se sumó a la sublevación cívica y militar liderada por los generales Leopoldo O’Donnell y Baldomero Espartero, en la localidad madrileña de Vicálvaro con la que se inicia el bienio liberal. La actuación del teniente Antonio Dávalos el 24 de julio le valió el ascenso a capitán por R.O. de 15.III.1855 sin antigüedad. En su expediente militar podemos observar que en 1854, tras ser destinado en Teruel, se encuentra en Almería , pasando en 1855 a Algeciras en donde conocerá a la segunda de sus esposas, Dª Maria del Carmen Manent Calonge, que según nuestras fuentes era prima de su primera esposa. 



  Otra vez Cataluña se cruza por lazos de sangre con el joven viudo,  el entonces ya capitán,  que interviene en la Guerra de África, mereciendo la  medalla de primera clase de la Orden de San Fernando (a la que también pertenece la conocida medalla Laureada) tras luchar a  las órdenes del general Prim (otro catalán) en la batalla de los Castillejos. Fue  en 1860 cuando consigue dicha heroica medalla en los combates alrededor del pueblo de Sanse. Allí tuvo que coincidir con su ilustre paisano, el conocido novelista accitano D. Pedro Antonio de Alarcón, puesto que es compañero de armas en la guerra de Africa, posiblemente la última que tuvo apoyo popular, y que por tal motivo escribió " Diario de un testigo de la Guerra de Africa".

  La vida de nuestro protagonista discurre en la colvulsa España del siglo XIX por lo que convivió con el asesinato del general Prim y la frustración del primer intento de restaurar la monarquía, así como con los movimientos liberales y la primera República. Por ello el 20 de junio de 1869 juró fidelidad a la nueva Constitución del Estado y el 20 de octubre asumió el cargo de gobernador militar de Guadix, hasta que por orden del gobierno de la I República pasó destinado a Madrid, a las inmediatas órdenes del ministro de la Guerra. Después de unos breves destinos en el regimiento nº 13 de Mallorca y en Melilla pasó en abril de 1874 al Ejército del Norte para intervenir en las acciones de la Tercera guerra carlista. 


El teniente coronel Dávalos intervino en dicha guerra entre los defensores del pretendiente al trono, Carlos Hugo, y los que defendían la legitimidad de la reina Isabel, participando en las acciones del 27 y 28 de abril de 1874, desalojando a las fuerzas carlistas en la toma de Bilbao y fue gravemente herido, por lo que se le concedió la Cruz Roja del Mérito Militar de 2ª clase. Trasladado a retaguardia recibió atención médica en Santander, pasando la convalecencia en Guadix, para reincorporarse al servicio a la Plana Mayor del Ejército del Norte en Logroño. 


En agosto de 1874 pasó de nuevo a Guadix (Granada) donde asumió el mando de su Comandancia Militar el 20.X.1875, y fue ascendido a coronel el 16.VIII.1876. Tras  mandar la comandancia de Órgiva (Granada) el 8.IV.79 volvió a Guadix para asumir el mando del batallón de reserva y de la comandancia, en las que permaneció hasta su retiro, al cumplir la edad reglamentaria, por R.O. de 23.V.1882. 

   Su vida no fue desde luego un paseo militar, a pesar de su distinguidas medallas,  porque tuvo que ver fallecer a su segunda esposa y madre de dos de sus hijos por culpa del cólera que azotó Algeciras. Otra pandemia de la época con la que tuvo que convivir. Luego volvió a  casarse, por tercera vez, esta vez con una almeriense, Dª  Adelaida Cobos Cruz, cuya honorabilidad quedó acreditada en expediente tramitado ante el Juzgado de Primera Instancia de Almería, según costumbre de la época, por lo que una vez más se cruza en el destino del heroico militar nuestra querida Almería en donde vivimos algunos de sus descendientes. 

 

Temas relacionados
Historia de Almería

para ti

Las noticias que debes conocer a primera hora en tu bandeja de entrada

en destaque