Ni pies ni cabeza

Lo cierto es que a Podemos se le avecina un otoño complicado porque, además de esta causa, que se verá en noviembre, se les ha torcido el caso del teléfono sustraído a Dina, donde también comparecerá como testigo el abogado despedido, José Manuel Calvente, quien ha calificado el suceso de montaje. Todo esto puede que justifique el malhumorado nerviosismo de Mayoral.


Como a Podemos le está ocurriendo, casi de forma milimétrica, lo que al resto de partidos viejunos, las acusaciones de corrupción provienen de un contable despedido, de un asesor ofendido, o de un concejal al que no le llegó su parte del pastel. A ellos ha sido un abogado despedido con graves acusaciones no respaldadas por la Justicia. Hay que tener mucho cuidado con las purgas.


De nada sirve tampoco sacar a relucir el caso de la juez Victoria Rosell, que no pudo presentarse a unas elecciones como candidata de Podemos por unas acusaciones falsas. Cada caso es cada caso, y en un procedimiento de imputación no se pierde la presunción de inocencia. La clave es cuantas veces Pablo Iglesias y otros dirigentes morados exigieron dimisiones solo por ser imputado. ¡Qué difícil resulta, a veces, aplicarse la propia medicina!

Sólo hay que dar explicaciones a la opinión pública y dejar actuar a la Justicia.




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