Mentiras gratis

Pasan tantas cosas que al final vamos dejando aparcados asuntos trascendentes como lo es que hace unos días desde el Gobierno se reconociera que no había ningún comité de expertos que les hubiera estado asesorando durante los momentos álgidos de la pandemia del Covid 19.


Y esta es una más de las ocasiones en que el Gobierno no nos ha dicho la verdad.


Y esto me lleva a recordar lo que dejó dicho el añorado Alfredo Pérez Rubalcaba: los españoles merecen un gobierno que no mienta. La frase tenía que ver con el empecinamiento del último gobierno Aznar en intentar convencer a los ciudadanos que el atentado del 11- M , en Madrid era obra de ETA.


Pérez Rubalcaba tenía razón. Era imperdonable que el Gobierno Aznar ocultara la verdad y por eso la respuesta fue contundente tanto en la calle como en las urnas. Si, el PP mereció perder las elecciones porque los españoles merecemos un gobierno que no mienta, al igual que lo merecen todos los ciudadanos sea cual sea el país en que vivan.



En cualquier país democrático mentir le cuesta el cargo al político de turno, lo que es una muestra del buen funcionamiento del sistema democrático.


Pero en España no sucede lo mismo porque al parecer mentir depende del color con que se mire esa mentira. Imaginen que ahora mismo fuera presidente de Gobierno cualquier dirigente del PP y que a este partido le hubiese tocado gestionar la crisis del maldito coronavirus. Y ya puestos a imaginar ese Gobierno hubiese asegurado que estaban siguiendo los pasos y consejos de un Comité de Expertos pero que un buen día el ministro de Sanidad, insistentemente preguntado por quienes forman parte de ese Comité, y a requerimiento del Defensor del Pueblo, el ministro en cuestión fuera incapaz de dar un solo nombre de sus integrantes. Pero no solo eso, sino que al final tuvieran que reconocer que el famoso comité no pasaba de ser Fernando Simón y su equipo.


¡Uff la que se habría organizado! Seguramente habría manifestaciones delante de Genova 13, y una ofensiva parlamentaria en toda regla.


Pero hoy, aquí y ahora no ha pasado nada precisamente porque como decía antes lo importante es el color con que se miran y se miden las falsedades.


Entonces hay que hacerse una segunda pregunta y es por el empobrecimiento del debate público que está produciendo la polarización en nuestra sociedad y que lleva al sectarismo de muchos líderes de opinión, estén en el campo en que estén ,sea el ámbito académico, un periódico o donde sea. Si uno opera desde el campo de la izquierda se tiende a obviar o rebajar la importancia del error de los suyos pero a ser implacable con las mentiras y errores del contrario. Y lo mismo sucede en filas de la derecha. Pero como ahora quién gobierna es la izquierda pues hay que mirar a nuestros gobernantes y sus acólitos.


Y eso es lo verdaderamente preocupante, el sectarismo insoportable que se ha instalado en la sociedad provocado entre otras razones por miedo. Si, hay miedo. Miedo a expresar una discrepancia de cualquier tipo con el Gobierno actual, miedo a siquiera señalar los errores que cometen, miedo a ejercer una crítica libre, miedo porque eso puede acarrear que enseguida cuelguen el "sambenito" de facha, de enemigo del pueblo.


Las redes sociales se han convertido en esa gran plaza donde cada día se ejecutan a los discrepantes y la guillotina no es otra que un sinfín de infamias. Ya saben, no basta con matar el enemigo, la mejor muerte es la del desprestigio.


Lo cierto es que la política española se ha ido degradando y embruteciendo en los últimos años con la aparición de algunos de esos "nuevos" partidos que sin embargo utilizan las viejas tácticas estalinistas para acabar con todo aquel que tenga un pensamiento propio y se salga del carril de lo que el establishment que nos gobierna ha decidido que hay que pensar y transmitir.


No tengo dudas de que en cualquier otro país europeo si sus dirigentes hubieran asegurando que en esta crisis del COVID se estaban guiando por los consejos de un comité de expertos y ese comité no fuera tal, eso tendría consecuencias inmediatas y a lo mejor tenían que dimitir.


Pero aquí no pasa nada y mucho cuidado con atreverse a preguntarse en voz alta el porqué no pasa nada.


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