Las siete diferencias

“Felipe VI acaba de vivir un drama personal digno de Shakespeare”

Una mujer camina frente a un grafiti de Juan Carlos I dibujado en Valencia.
Una mujer camina frente a un grafiti de Juan Carlos I dibujado en Valencia. Europa Press

Cuando este país oía hablar al Pato Nicol de los Pactos de la Moncloa y no existía el divorcio, los niños aprendíamos de todo de las revistas de las peluquerías. En ellas había el juego de las Siete Diferencias. Estas son las que he hallado entre Felipe de Borbón y Pablo Iglesias: 


1. Infancias. 

Ambos son jóvenes pero les separan diez años clave. De 1968 a 1978 hay un gran salto social, político y cultural en las Españas que vivieron. Felipe de Borbón conoció el tardofranquismo, los duros años de la Transición y la llegada de la Democracia.Iglesias no vivió esos años cruciales de diálogo y cambio.



La Constitución ya había sido refrendada por los españoles cuando el líder de Podemos aún estaba en la cuna. Iglesias tampoco vivió explosión de alegría que supuso la llegada de Felipe y el PSOE al Gobierno en 1982.  


2. Familias. 

Para los dos han sido y son decisivas, de forma distinta. Para Iglesias, su familia le ha surtido  de un imaginario político que ha sublimado y estalla en lloros cada vez que ha ído dando un paso más en su carrera política. La mayor diferencia está en sus padres. Mientras Felipe vivía de cerca y a diario cómo su padre Juan Carlos trabajaba de forma decisiva para traer la democracia y frenar un golpe de Estado, Pablo supo a posteriori que su padre había luchado contra esa misma transición pactada repartiendo folletos del FRAP, uno de los muchos grupos radicales que a derecha a izquierda intentaron dinamitar la democracia -y no es una metáfora-.

 

3. Política. 

Felipe observó de cerca a su padre Juan Carlos, a Adolfo Suárez, Torcuato Fernández,  Carrillo, Fraga o Felipe. El ideario político de Felipe VI se resume en la Constitución y no se sale de ella, mientras que la esencia política de Pablo Iglesias está en la serie Juego de Tronos, lucha y aniquilación del enemigo. El pack completo. 


4. Vidas privadas.

Felipe acaba de vivir un drama personal digno de Shakespeare. Su papel de rey se ha impuesto al de hijo y con dolor ha participado en la salida del país de su padre, su héroe y modelo durante la Transición. 


Mientras que Felipe VI ha tenido que sacrificar su vida privada en aras de la función pública que se le impuso, Pablo Iglesias ha extendido su vida privada hasta confundirla con su labor pública. Por ejemplo, cuando sometió a referéndum entre sus seguidores su decisión privada legítima de comprar un chalet.  


En cuanto a amores y relaciones, al Príncipe se le negó cruelmente durante años su libertad de elegir novia y futura reina consorte -recordemos a Isabel Sartorius-, mientras que cada una de las relaciones de Pablo Iglesias ha sido decisiva en la vida interna de Podemos e incluso ahora en el Gobierno. 


5. Imagen pública 

Felipe VI nunca fue mimado por los medios de comunicación. Todo lo contrario. Se reían de él cuando dió el estirón y era una máquina de gallos, hasta el punto de que El Jueves creó un tira cómica regular. Llegó incluso a darle una portada en la que ponía a Leticia mirando a Cuenca sin motivo alguno. En cambio, Pablo Iglesias es protegido por los medios, es intocable pese a que saliera por la tele hablándole a los niños como Maria Luisa Seco.  


6.Personalidad. 

FelipeVI es reservado, comedido y habla lo justo. Pablo Iglesias es locuaz como producto salido de la tele. A diferencia del envarado y monocorde Felipe, Pablo es voluble y cambiante; llora en público; exhibe símbolos para provocar; pasa de atacar la Constitución a abanderarla; ora habla rapeando, ora habla bajito y pausado como un cura en confesionario.


7. España. 

Tras el referéndum ilegal del 1-O en Cataluña, Felipe VI salió por la televisión recordando que la ley es la garantía de la democracia y dando ánimos a los españoles. Por el contrario, Pablo Iglesias no deja de apoyar el independentismo, de aliarse políticamente con él e incluso nombra a un portavoz parlamentario de Podemos independentista. Felipe VI tiene como objetivo principal la continuidad  del Estado democrático y su monarquía parlamentaria. Pablo Iglesias en cambio quiere sacudirlo y darle la vuelta para satisfacer sus ideas. 


Aquel juego visual  era un pasatiempo sin consecuencias. Hoy, no es así. Pablo Iglesias se ha empeñado en echar al Rey Felipe VI, cambiar nuestro Estado e incluso al país. Al poder distinguir o no estas y otras diferencias, los españoles nos jugamos el futuro de nuestros hijos y de este maravilloso y locamente autodestructivo país llamado España. 


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