El generoso empresario de la uva

Hay una ley no escrita en esta tierra que nos invita a olvidar muy pronto a todos aquellos que trabajaron duro y a los que de forma honrada dignificaron el nombre de Almería. Entre esos nombres que no han quedado reflejados para siempre en el rotulo de una calle ni en los libros de historia, está el de José López Guillén, toda una institución en el mundo empresarial y en la sociedad almeriense de entre siglos.

Hombre de negocios, de sociedad, de vida; comerciante infatigable que empezó de la nada y montó una de las firmas comerciales más importantes de Almería a finales del siglo diecinueve. Se decía de él que apenas tuvo un día de descanso a lo largo de sus setenta y siete años de vida y que era tanto su empeño por trabajar que se vino a morir en un domingo del mes de agosto de 1927, cuando la ciudad celebraba su Feria y los negocios estaban cerrados. Murió en el día de descanso, víctima de una enfermedad  que lo fue alejando de la actividad en los dos últimos años.


Don José López Guillén nació en la localidad granadina de Almuñécar. Tenía trece años cuando murió su padre, una tragedia que lo convirtió en hombre de forma prematura, teniendo que trabajar duro para sacar adelante su madre y a sus tres hermanos. 

En 1870, antes de cumplir los veinte años de edad, llegó a Almería, primero para entrar de empleado en la tienda de Tejidos de Babiloni y diez años después para empezar su actividad empresarial como fabricante de barriles. Eran tiempos de intensa actividad comercial con Inglaterra lo que le permitió progresar y ampliar sus negocios, dedicándose también a la exportación de uva y a la consignación de buques.



El éxito empresarial le abrió nuevos caminos en la sociedad almeriense. José López Guillén formó parte del primer consejo de administración del Monte de Piedad y Cajas de Ahorros de Almería, que se constituyó el once de marzo de 1900, bajo la presidencia del entonces Obispo de la ciudad, Santos Zárate y Martínez.  


Estuvo ligado a esta institución hasta 1925, cuando tuvo que abandonar todos los cargos por culpa de la enfermedad. En ese momento fue su hijo, José López Quedada, quien sustituyó a su padre en el Monte de Piedad.  Unos meses después de su fallecimiento, en el acta de la sesión del 30 de diciembre de 1927, se le rindió un merecido homenaje diciendo: “Don José ha sido el alma de nuestra institución, salvándola muchas veces de la ruina con sus iniciativas y disposiciones”.


Además de su capacidad para los negocios, José López Guillén destacó por su compromiso permanente con la sociedad almeriense de la época, demostrando una preocupación constante por las clases más necesitadas. Fue uno de los fundadores de la Tienda Asilo, donde ejerció una labor impagable llamando a los bolsillos de los empresarios pudientes de la ciudad y en muchas  ocasiones poniendo dinero de su patrimonio para costear la comida y la ropa de los más pobres. Cuando el rey Alfonso XIII visitó Almería en abril de 1904, consiguió que el ayuntamiento costeara dos mil comidas durante los dos días que el monarca estuvo en suelo almeriense. De la mano del farmacéutico don Juan Vivas Pérez, participó en la creación del Manicomio y colaboró con el Hospicio para mejorar las condiciones de vida de los niños internos. 


Esa capacidad de trabajo desencadenó también en un torbellino de iniciativas que a nivel social se tradujo en la creación, en abril de 1904, de la ‘Unión Almeriense’, junto a José González Canet y José Molero Levenfeld. La ‘Unión Almeriense’ fue una organización para implantar, explotar y apoyar tanto iniciativas industriales que surgieran en la ciudad como sociales. 

A nivel político, José López Guillén fue presidente de la Cámara de Comercio y del Círculo Mercantil y estuvo vinculado desde finales del siglo diecinueve con los partidos republicanos. En 1911 fue concejal del ayuntamiento siendo alcalde don Braulio Moreno Gallego, realizando una importante labor dentro de la comisión de Hacienda.


José López Guillén, el hombre que empezó en Almería como empleado en una tienda de tejidos, y que se ganó su prestigio empresarial con el negocio de la uva, falleció el domingo 21 de agosto de 1927. Para entonces, la empresa ya estaba dirigida por dos de sus hijos, José y Eduardo López Quesada, que supieron mantener el prestigio de la firma.

Al entierro asistieron personalidades políticas y empresariales de la ciudad, constituyendo el duelo un emocionante acto de respeto y amistad”, decía la crónica al día siguiente.



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