Hay que ‘laválo’ y ‘desinfectálo’

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana llamada la España de los setenta, tres jóvenes amigos dotados con una gran facilidad para la composición y la melodía acabaron disfrazados, con la boina calada hasta las cejas y convertidos en un fenómeno de masas.


Luis Gómez Escolar, Julio Seijas y Honorio Herrero jamás hubiesen imaginado que el éxito les iba a llegar de esa manera. Habían comenzado con Aguaviva, una formación que musicaba versos de insignes poetas y se las vio con la censura de la época. Incluso lo intentaron con Simone, un proyecto de Escolar que tampoco llegó a buen puerto. Lo del humor era algo en paralelo y para los amiguetes, pero tras componer el también celebérrimo Saca el whisky, Cheli para los Desmadre 75, se vinieron arriba y juntaron un dinerillo para grabar decentemente un par de tontadas que guardaban a las que titularon Hay que lavalo y El ONI (Objeto nasoluto idetificao).


Mucha culpa tuvo un señor con bigotazo, el presentador con mas personalidad de la caja tonta de la época, Jose María Iñigo, que se empeñó en vestirlos de paletos y arrojarlos al plató de una televisión en la que con diez minutos te convertías en toda una celebridad. El resto es historia: había nacido La charanga del tío Honorio. Y aunque hoy en día nos sorprenda, nadie se sintió ofendido por las continuas bromas que estos desvergonzados lanzaban sobre los usos y costumbres de la España profunda. Eran otros tiempos.


El único disco que editaron – casete en mi caso, que sonó mil veces en el coche de mi padre - es una joya digna de recuperar, con mensajes que van más allá de humor algo chusco y facilón que parecía desprender el proyecto. Escudándose en muchos estilos - rock’n’roll, baladas, country, twists o rancheras - en sus letras trataron temas como la emigración (Los animalicos), el amor (Mi querida Severiana), los fenómenos paranormales (El ONI) y la ecología, los ruidos de la ciudad o el entendimiento entre regiones (en sus breves ‘partos’). El éxito les duro poco, en parte por puro cansancio de representar unos papeles en los que no se encontraban cómodos y acabaron volviendo al anonimato de la producción y composición, que era lo que mejor se les daba.



Pero, décadas después, y a pesar de estar todos ellos detrás de melodías o letras tan legendarias como Miénteme de Camilo, Te Amo de Tozzi, Fiesta de la Carrá o Bailar Pegados de Dalma, ante la pregunta de ‘¿Qué se puede hacer…?’ mi generación no puede evitar contestar con un ‘hay que laválo y desinfectálo’. Y, oiga, con la que tenemos encima, vendría muy bien como lema para el Ministerio de Sanidad.


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