El virus sigue ahí

Hemos estado tanto tiempo confinados, separados de nuestras rutinas cotidianas anteriores a la pandemia que ahora nos ha entrado prisa por recuperar el tiempo perdido. Es comprensible. Pero hacerlo sin tomar precauciones puede resultar peligroso porque el virus sigue ahí. Y quienes no se tomen en serio semejante amenaza pueden acabar siendo responsables de un rebrote de la pandemia.


Es entre los jóvenes donde la alegría de vivir se traduce en fiestas y reuniones en las que la promiscuidad está servida. De joven uno se siente poco menos que inmortal y de esa percepción nace una irresistible tendencia a vivir de prisa sin tener en cuenta que cualquier acto tiene sus consecuencias. Sabiendo que la virulencia de la Covid 19 es menor pero que no ha desaparecido, saltarse las normas de seguridad -llevar mascarillas, guardar la distancia social, evitar las aglomeraciones- equivale a poner en peligro a otras personas. En el seno de las familias a los padres y a los abuelos.


No hace tanto tiempo se produjo en España un aumento espectacular de los accidentes de tráfico. El exceso de velocidad, conducir bajo los efectos del alcohol o las drogas, usar el teléfono móvil, etc... Ante semejante panorama, la DGT tomo dos decisiones que en su día fueron objeto de polémica pero que a la postre se demostraron eficaces. La primer fue poner en marcha una campaña de publicidad basada en mostrar imágenes durísimas de los accidentes. Incluía, además, una serie de mensajes en los paneles de señalización que hay en las autovías en las que se notificaba el número de muertos en accidente. La segunda medida 

-quizá la más eficaz- fue aumentar las sanciones y tipificar como delitos graves las conductas temerarias al volante. No digo que la combinación de estas medidas fuera mano de santo porque, por desgracia, se siguen produciendo accidentes en carretera, pero el número ha descendido considerablemente.



Quizá podría servir de referencia para poner en marcha medidas similares a modo de recordatorio y advertencia respecto de los efectos de la pandemia y el riesgo de repunte como consecuencia de la imprudencia y la insolidaridad de quienes no respetan las normas de protección. Imágenes de las UCIS colapsadas, los cientos de féretros del Palacio de Hielo de Madrid, el número real de fallecidos y sanciones pecuniarias más contundentes quizá podrían ayudar a recordarnos a todos que el peligro no ha pasado porque el virus sigue ahí.


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