Patriotas

Ni siquiera el día en el que comenzaba en España el luto oficial en memoria de las víctimas de la covid-19, la derecha fue capaz de estar a la altura. El clima tóxico que trasladan las intervenciones de los dirigentes del PP y Vox desde el Congreso de los Diputados a las calles, que luego termina en las plazas del insulto en las que han convertido las redes sociales, define su patriotismo.


La confrontación política es saludable. Cómo no lo va a ser, si es la esencia de la democracia, pero esto es otra cosa. Lo que estamos viviendo en medio de un dolor y una preocupación inimaginables, como consecuencia de las miles de víctimas que está dejando la pandemia, tiene como denominador común un elemento que se remonta al inicio de esta legislatura: la estrategia diseñada por la derecha para negar la legitimidad del Gobierno.


Casado y Abascal se han negado a reconocer desde el minuto uno los resultados de las pasadas elecciones generales, en un acto de rebeldía democrática sin precedentes. Con esos mimbres comenzamos a sufrir los efectos de un coronavirus que tiene en jaque a todo el planeta, pero ni eso les frenó. Es más, sus actos, sus palabras y sus decisiones hasta hoy, hacen indicar que han considerado la enfermedad como una oportunidad.


Nunca habíamos visto en democracia un estado de crispación política como el actual, donde crece el odio a la misma vez que crecen los insultos, las mentiras y la manipulación.



Durante estas diez semanas de pandemia, en el líder de la oposición solo hemos encontrado posados, imposturas, rechazo a cualquier cosa que propusiera el Gobierno y una indisimulada ambición por mimetizarse con la extrema derecha. Y esto es un problema de enorme calado para un país que necesita unidad.


En Andalucía, la imagen que nos deja el acuerdo del PP y Cs para que la extrema derecha presida la Comisión para la Reconstrucción es muy parecida. Moreno Bonilla y Marín, incómodos con la actitud de la oposición de ofrecerse al acuerdo, han dinamitado el órgano que debía buscar el consenso.


Este es el patriotismo ramplón del que hace gala la actual derecha, aunque ser patriota en 2020 en plena pandemia no consiste en envolverse en la bandera sin más, sino en procurar contribuir con tus actos al bien del conjunto de tus conciudadanos. Ser patriota hoy, por ejemplo, es poner en marcha medidas que son un gran avance social, como el ingreso mínimo vital aprobado por el Gobierno de Pedro Sánchez, que nos hace mejor sociedad y mejor país, como nos hicieron mejores las pensiones no contributivas o la ley de la dependencia. Seguimos.


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