El día 11 enterramos a Paco Arqueros, un viejo e inolvidable socialista

Paco tenía ganas de seguir viviendo, de tomarse una cerveza sin alcohol con los amigos en Terque. Siempre tuvo una broma en sus labios y un consejo para los amigos. Y por encima de todo ello una honradez que le ha acompañado en su vida profesional y política. Era, ya se nos fue. Lo enterramos en Terque el martes a las cinco y media de la tarde, un poco lejos de su tierra natal, Dalías, de donde vinieron a darte la despedida amigos de los que se guardan en el corazón toda la vida. La familia socialista de los años ochenta, aquellos que tan buenos políticos le dio a Almería, conocían a Paco y su altruismo. No quiso, se le ofreció, pero nunca aceptó un cargo político. Pudo ser delegado de la Junta en aquellos años, ir en la lista que hubiera querido, pero prefirió seguir siendo un funcionario al servicio de todos, sin ver los colores en las personas que se acercaban a su mesa. Eran tiempos en los que al Psoe llegaban hombres con vocación de servicio y en defensa de unos ideales donde la esperanza y la concordia por un país mejor era la premisa de personas como Paco Arqueros, José María Ortega, Antonio García Tripiana y algunos otros que como ellos ya no están entre nosotros. Uno de aquellos viejos socialistas de los ochenta, qué lejos los vemos algunos, Antonio Bonilla, todavía en activo como alcalde de Vícar las veinticuatro horas del día, quiso decirte adiós, y recordar con los que allí estábamos por ese mismo motivo, aquellos años que fueron los mejores del Psoe en Almería, y en el que tú colaboraste con tu trabajo, tu honradez, y esa sonrisa con la que tratabas a los que a ti se acercaban. Sabías distender una discusión con una broma, una anécdota o un chascarrillo que siempre tenías a punto. Este Paco es la reoca. Sí, es cierto, pero habías conseguido poner un poco de razón en esas discusiones políticas. Entonces se llevaba la concordia entre los que nos llamamos seres humanos, y tú lo eras y de los grandes, no lo que tristemente estamos viviendo y de lo que tanto hemos hablado sentados en una mesa con los amigos, tú con una cerveza sin alcohol y los demás aún podíamos con el vino. Nos los tomamos, Paco. El martes, tras decirte adiós, le pedimos a Antonio una jarrilla y brindamos por ti. Un día de estos nos tocará a nosotros subir a verte, pero, Paco, no tengas prisa.



 

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