“El político no puede decir lo que después no va a cumplir”

Si cuando quieren saben construir frases de cara a la galería. Lo que no sé es si son muy prácticas de cara a los intereses políticos del que la pronuncia en esta ocasión. No me digan ustedes que no le queda bien decir al señor Castellón, con escaño en el bolsillo y soldada de más de 5.000 euros cada mes y catorce al año con las dos extraordinarias, con cara de no haber roto un plato en su vida, de no haber engañado nunca a los ciudadanos, de no haber abandonado la política por la puerta grande y volver por la de atrás lo de “no puedes decir lo que después no vas a cumplir”. Toma ya. Claro que si cogemos lo que han venido diciendo los líderes nacionales lo de nuestro paisano no deja de ser una niñería. Si sacamos lo que nos han ido manifestando a lo largo de muchos meses Sánchez e Iglesias, tras el abrazo, el pacto y gobierno anunciado hace unos días llegamos a la conclusión de que no hay un solo político, ni en las más altas cumbres del estado lo suficientemente serio como para que podamos fiarnos de ellos. ¡Qué pena! ¿Y votar? ¿Puede un político votar en los plenos de sus instituciones mociones a troche y moche para dejarlas después que duerman en los cajones años y años?Lo vienen haciendo.


Cojan el ayuntamiento de la capital, pregunten a la oposición por las mociones que les ha votado a favor el joven Ramón y su equipo. ¿Lo han hecho? Vaya, así me gusta. ¿Y qué les han dicho? Ninguna, que ninguna se ha puesto en marcha. “El político no puede decir lo que después no va a cumplir”. Le quedó muy bien la frase al señor Castellón, pero yo en su lugar no la habría sacado a pasear, y es que tras su paso por la diputación y el área de urbanismo del ayuntamiento de la capital va a ser complicado que le podamos a creer. ¿Se estaba creyendo don Miguel Ángel lo que estaba diciendo? Lo mismo sí. Tengan en cuenta que estos políticos viven en una realidad paralela. Claro, ahora lo entiendo, en un Matrix donde los políticos crean frases, piden votos, hacen promesas y compromisos que no son para cumplirse. Un mero adorno, una simple metáfora con la que llegar a unos ciudadanos que no han tenido la suerte ni la oportunidad de vivir en esa realidad paralela en la que ellos viven y en las que las palabras, las suyas, no parecen tener valor. Y mientras ¿alguien se puede cree sus frases?

 

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