Malos tiempos para el centro

En España no cuajará a la larga un partido de centro mientras sigamos siendo un país dialéctico. Lo desarrollamos de forma sucinta: al menos desde el siglo XIX sea lo que sea eso de ser español pasa por quedar atravesado por una concepción dualista (con tendencia al enfrentamiento) de la realidad. 


Así, todas las aventuras centristas que hemos tenido en nuestra actual democracia se han desinflado más tarde o más pronto; así pasó con UCD, luego con CDS, también con la operación Roca-Garrigues, asimismo con UPyD, y tal vez ahora con Ciudadanos. Los polos podrán (en función de su acierto e incluso suerte) pescar en el centro, pero los partidos españoles con vocación centrista hasta ahora venían ya con la obsolescencia (quizá no programada, pero sí) incorporada (y cuando han podido retrasar su caducidad ha sido cuando se han apartado del centro).


Esto nos lleva a la siguiente reflexión: el pensar exclusivamente dialéctico (centrado meramente en oposiciones) debe ser superado por un análisis que atienda a distintas voces por cada bando. La realidad es ricamente cromática, no un pulso entre el blanco y el negro. No podemos apartar de nuestra mente la imagen que se nos viene con penetrante insistencia – La riña de Goya - inundándonos el cableado neuronal de lo que algunos han tomado por esencia de lo español: un eterno duelo en el que de generación en generación cambian los duelistas y con el tiempo hasta los motivos, pero siempre permanece el hecho de la oposición.


Los españoles ya no pelean a garrotazos sino a posverdades, a golpe de meme (cuando menos interesado, cuando no burdamente manipulador). La imagen goyesca se nos troca en duda:



¿Son malos tiempos para el centro o nunca han sido buenos? Acudimos al inteligente lector (no en vano le tenemos en alta estima) a que nos ayude a aclararnos. Esperamos sus interacciones. (En serio, celebraríamos con dicha el público contraste de pareceres. Seremos ingenuos, lo reconocemos, pero somos de la opinión que si entre todos vamos aprendiendo a dialogar críticamente con los contenidos a la par que respetuosamente con las personas quizá tengamos un mejor futuro como nación).


Cerramos este primer contorno recordando y precisando que en nuestra primera proposición no afirmábamos la imposibilidad de que la opción centrista enraíce en España, sino que semejante curiosidad política no acontecerá mientras la actitud dualista siga instalada en nuestra idiosincrasia hispana. El español que anhele convivir en el reino de la moderación tan solo tiene que sentarse a esperar a que dejemos de ser dialécticos. Mientras tanto apelamos al diálogo riguroso, claro, informado, crítico y educado como entrenamiento; discusión sí, pero ni a garrotazos ni con mentiras o manipulaciones: una discusión inteligente basada en el conocimiento, intercambiando razones, metáforas y luminosas imágenes mentales.


Nos despedimos con una pregunta al lector: ¿acaso existe el centro?


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