Otro pacto

Fermín Bocos
11:00 • 19 nov. 2019

La arraigada concepción tribal de la política española permite avizorar que la propuesta del gobierno de gran coalición-PSOE-PP-Ciudadanos- que postula Alberto Núñez Feijóo no saldrá adelante. Pese a que la aritmética parlamentaria la haría posible y la lógica política deseable. Pero en España según el melancólico decir de Machado sigue errante la sombra de Caín y aquí, el adversario en la política es percibido como enemigo en la vida aunque estos días asistimos a la excepción que confirma la regla.


A pesar de la enemiga histórica de socialistas y comunistas Pedro Sánchez ha elegido como compañero de viaje al mismo Pablo Iglesias al que puso a caldo durante la campaña electoral. Es un hecho que desafía la lógica y solo se explica por el ataque de pánico que sufrió la noche del 10 de N al comprobar que su apuesta de llevar al país a nuevas elecciones en la esperanza de conseguir más escaños había fracasado.


Iván Redondo, el jefe de gabinete al que algún medio ha calificado -injustamente- de "Rasputín" no es el culpable del retroceso del PSOE. El único responsable del bloqueo durante seis meses de la política nacional fue el propio Sánchez, quien se dejó guiar por los trucos de cocina de José Félix Tezanos en el CIS. Algunos dirigentes socialistas que asistían en la sede de Ferraz al recuento electoral han comentado el desconcierto de Sánchez en una noche que había soñado como la de su rehabilitación política -nunca había ganado holgadamente unas elecciones-. Pero no fue así y entró en pánico y fue cuando decidió tirar por la calle del medio unciendo su destino a Pablo Iglesias, otro de los perdedores de la noche. Con Podemos y con los separatistas, dada la insuficiencia de diputados de ambos partidos a los efectos de sacar adelante la investidura. Sánchez podía -y debía- haber explorado otras combinaciones posibles. Podía haber "hecho historia", como se dice ahora, siendo el promotor del primer Gobierno de España fruto de una gran coalición a la alemana entre los socialistas, el PP y Ciudadanos. Éste partido, poco menos que desahuciado tras el hundimiento electoral y con su líder, Albert Rivera, alejado de la política, habría aceptado el pacto. Y también el PP con un Pablo Casado que pese mejorar la marca de abril, tampoco había culminado su objetivo de llegar al centenar de diputados.



Un pacto de investidura más un acuerdo de legislatura habría dado nuestro país la estabilidad política que necesita a la vista de la situación en Cataluña y del anuncio de vuelta a las vacas flacas en la economía. Todavía está a tiempo para dar marcha atrás en su acuerdo con Podemos, pero no lo hará porque Pablo Iglesias ha sabido aprovechar el momento sicológico de debilidad del presidente en funciones y su ambición de seguir en La Moncloa.





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