De Greta a Torra

Reconocer los problemas fue durante la mayor parte del tiempo algo mucho más sencillo para nuestros antepasados que lo que nos ocurre hoy. El catálogo de retos a la supervivencia   era simple: el no ser devorados por las bestias, buscar comida, evitar diversos peligros de la naturaleza... así durante siglos y siglos, hasta hoy. 


En la sociedad actual, con su complicación, los problemas se ocultan tras un velo cada vez más denso a la vista y razón del ser humano. Si el problema no lo traspasa, el problema no es reconocido, no se detecta como amenaza y al final el tigre se abalanzará sobre sus víctimas para devorarlas.. 


Los problemas hoy en la era de la postverdad y las ‘fakenews’ no son comunes porque la hípercomunicación se interpone y nos separa. Discutimos más sobre cuáles son  que sobre sus posibles soluciones. Esta semana hemos visto dos casos de lo que estoy describiendo: el problema del cambio climático y el problema de la convivencia en Cataluña


Sobre el primero parece que los hechos y datos están ahí: los informes, estadísticas, registros, las imágenes de la desaparición de icebergs y las temperaturas. 



Todo parecía que se encauzaba hacia un consenso general cuando ha irrumpido la adolescente Greta Thunberg, sueca como Pipi Langstrun pero en el extremo contrario a la anarcoleta amiga del Señor Nilsson. Hay quien la adora y por el contrario, quien, como es mi caso, la ve con la misma tranquilidad que tendría al arropar de noche al niño Damien. 


El impactante video del mensaje de Greta en la cumbre de la ONU en la que se ve a esta niña fuera de si y desencajada ha venido a añadir neblina al reconocimiento del problema real del cambio climático. Su expresividad real o impostada ha ahondado una división que parecía encaminada a cerrarse. Enseguida han surgido videos y reportajes denunciando el uso de una niña con Asperger, recordando que es una marioneta de sus padres y del líder de una ONG suvencionado, bla, bla, bla...Pudiera ser cierto. Aceptemos que sea cierto. Y pese a ello, el cambio climático sigue siendo un problema, real y verdadero. 


Cuando la emoción entra por la puerta la razón sale por la ventana. Esta es la esencia de la postverdad. Nos llega con múltiples mecanismos y triquiñuelas de la era digital: la imagen, la fidelización, los likes, los memes, las representaciones, los videos, el humor...siempre el lenguaje. 

Como en el caso, otra vez, de Torra. El muñeco de Puidemont en Cataluña ha vuelto esta semana ha crear un modelo perfecto de ‘fake news’ al afirmar que las perdices disparan contra las escopetas. Fue el primero y luego el Parlamento de Cataluña lo ha seguido para embarrizar el suelo  y ocultar el problema debajo, el de la convivencia de sus ciudadanos.


El discurso sin sentido de los separatistas ha sido investido de sentido por muchos periodistas en toda España y durante muchos años, en miles de horas de tertulias, en conceptos y clichés acuñados y repetidos hasta la saciedad. ¿Cuántas veces se dijo que el PP era “una fábrica de fabricar independentistas”? ¿Cuántas tertulias de radio sobre el inexistente “derecho a decidir”? ¿Qué significa aquello tan repetido de “judicializar la política”?  Ha vuelto a ocurrir. Es tragicómico que nada más detener a nueve personas con las manos en el explosivo  Torra y sus seguidores usaran una expresión similar, la de “criminalizar” el independentismo. Y es desalentador que algunas cadenas como La Sexta dieran mayor verosimilitud y cobertura a las reacciones de los independentistas que a la operación juidicial y policial. 


En los últimos años del mal llamado ‘procés’ no he oído a un solo periodista en España recordar hechos,como  que durante 50 años ETA mató y destrozó cientos de vidas por exactamente los mismos objetivos que los independentistas catalanes. Tampoco estos días.  


Este es el problema con los problemas en la era de las ‘fake news’, el que va de Greta a Torra, el que nos despista de lo real y verdadero. La comunicación y sus pliegues nos impide verlos Si al final, este planeta se consume como una olla a presión y Cataluña estalla en guerra, quizás se comprenda lo que sabiamente dijio Paul Simon en una de sus maravillosas canciones: La gente habla sin decir nada, la gente oye sin escuchar”, será entonces el triunfo del sonido del silencio y el olor de las cenizas.



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