Carta a mi primo Fausto

Querido Fausto: Al final has conseguido que volviera a escribir (“escribe, prima”), pero te he dicho muchas veces, que mi tiempo pasó o me lo hicieron pasar, porque cuando cruzas esa edad donde más solera tienes, más experiencia acumulas y con más sosiego ves las cosas, es cuando a nadie le importa ni lo que piensas, ni lo que dices y menos lo que sientes.


Y aquí me ves, primo, intentando escribirte a corazón abierto y recordando que nos hemos reído del lucero del alba en nuestras charlas interminables, (porque si yo hablo, anda que tú!); que hemos intentado arreglar el mundo, sin conseguir nada; que nos hemos contado nuestras batallitas políticas y familiares y que hemos soñado en emparejar a nuestros nietos, ya que no pudimos hacerlo con nuestros hijos. No hemos logrado nada, pero la de reír que nos hemos dado, eso no nos lo quita nadie.


Tengo en mis oídos tu voz cantarina, medio ronca, diciéndome “Hola Prima”, que me pusiste por el artículo que escribía en este periódico “Carta a mi prima” ( de ahí nos viene el parentesco) y que bien sabes que muchas post-data te las he dedicado a ti: “Te hago un bizcocho de la tia Maria?” o “Me acompañas al teatro que tengo entradas para una obra malísima?” o “Te invito a cocido con hinojos”, mil excusas para robarte tu tiempo, para conversar contigo y reirme de tus ocurrencias y de tus locuras (porque un poco más “pallá” que “pacá” estamos los dos, primo).


El ultimo día que nos vimos en la Quirón, tu salías de la quimio y yo de ginecología, ( porque me viene un nieto de camino) y recuerdo que me dijiste: “Ya ves prima, uno viene y otro se va” y te contesté que no se te ocurriera irte, que me debías la lotería de Navidad del Prendimiento solo canjeable por una cena en Bacus y que yo te mandaría otro bizcocho de la tía Maria por correo urgente, como ya había hecho unas semanas antes, envuelto en un taper para que no se estropeara…y ya ves primo ,me quedé sin lotería, sin cena y lo peor, que me quede sin ti.


Porque la cruda realidad es que te has marchado mientras yo estaba a muchos kilómetros de distancia. Alivió mi pena tu hija Cristina que te dio todos los besos y abrazos que no pude darte antes de irte y cuando ya te fuiste y tu amigo Pedro Manuel de la Cruz que me mando un poema de Alberto Cortés “Que suerte he tenido de nacer”, que parecía escrito por ti, que lo oí mil veces para intentar aliviar mi pena. Porque es verdad que “algo se muere en el alma cuando un amigo se va”.


Así que, amigo mío, querido Fausto, no puedo ponerte flores y llorar en tu tumba porque no tienes. ¿A quien se le ocurre pedir que te esturrearan por Almeria, Berja y Macael? ¿Estas tonto o qué?. Hasta el final “Genio y Miura” como te escribió Pedro Manuel. Y solo me queda decirte, parafraseando al cantautor, que he tenido suerte de nacer para tener el privilegio de conocerte. Que más que amigo, eres el hermano mayor que nunca tuve y yo la hermana que te faltó. Olvidarte va a ser imposible.


P.D..- Cuando volví, yo cumpli y te hice otro bizcocho, que se lo comió tu nieto Alejandro y tu hija Cristina. Y me debes un taper.


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