La educación, pasaporte para la vida

Hoy, que comenzamos el curso en Infantil y Primaria, puede ser buen momento para reflexionar sobre la importancia de la educación para  construir el futuro. Como decía el poeta, el niño es el futuro del hombre y, por eso, la persona se convierte en el punto de partida de la educación. Los alumnos son nuestra razón de ser y los profesores ese referente que trata de descubrir el talento de cada estudiante. La educación infantil y primaria (3-12 años) es básica para participar en la edificación del porvenir colectivo y es, a la vez, una preparación para la vida así como el mejor momento para aprender a aprender. Estamos a las puertas de una nueva década y creo que ha llegado el momento de buscar la calidad educativa exigiendo a los responsables políticos la elaboración, de una vez por todas, de una Ley que surja desde la base de la Escuela y fruto del consenso porque ninguna reforma educativa ha tenido nunca éxito contra el profesorado o sin su concurso. Precisamente el capital humano es esencial para esa utopía necesaria que es la educación: Así, para conseguir encontrar la calidad educativa tenemos que buscar formar buenos maestros. 


Y aquí se plantea la gran pregunta: ¿Qué se entiende por buen profesor? Bajo mi punto de vista sería aquel que sabe llegar dentro, que se dirige hacia el interior de la persona, que es paciente, que ayuda, que prepara sus clases, que es capaz de ponerse en la situación y comprender hasta al más vulnerable de sus alumnos, que refleja humildad y que tiene claro que el verdadero sentido de la escuela y de su tarea diaria es la persona misma de cada uno de sus alumnos. Los nuevos avances tecnológicos son muy importantes para mejorar la metodología e incluso para atraer y motivar al alumno pero la educación no puede ser virtual, aunque es otro recurso fundamental, ya que exige la comunicación alumno-profesor, el diálogo permanente, el rostro a rostro, la presencia viva en el aula. 


Por otra parte, los maestros tenemos que hacer un gran esfuerzo de adaptación a las nuevas corrientes o modas que se introducen vertiginosamente en el entorno de los niños para prevenir posibles riesgos y enseñarles a responder adecuadamente ante cada situación. Por último decir que para cumplir estos retos un profesor debe tener vocación (caso contrario no es digno de su profesión) porque la enseñanza exige algo más que la mera transmisión de saberes; exige además personalidad, para mantener el respeto, nunca la distancia; y exige cariño a nuestros alumnos. 



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