El riego cerebral contra el secano político

No he podido irme de vacaciones con la tranquilidad que sin duda merecía, observo una tendencia a la apatía en el entorno político de un país que me importa y esa circunstancia trasciende sin darme cuenta a la conciencia y la dignidad que me caracteriza.


El hipotálamo está seriamente confundido, por el hemisferio sur de la costura craneal me impacta un proyectil dialectico desafecto con el compromiso que la situación concierne, por el otro hemisferio, más frio que el anterior, el hecho circunstancial de saberme poco afortunado con la intención de voto Queen su día pronuncie en las urnas, intensifica el movimiento sísmico de rebeldía capaz de deshacer la confianza en las instituciones de un país que me interesa.


El apremio es confuso, las vertientes diseminadas en productos cada vez menos necesitados de sus inquietantes procedencias son el manifiesto embaucador dispuesto a establecer contacto conmigo; construido a base de productos tóxicos de gran intensidad, reaccionan en devaneos maliciosos que tan solo provocan un caos improductivo a la demanda social.


La derecha confiesa con los dedos cruzados y los dientes apretados, ser desde un tono prometedoramente insensato y un favoritismo conservadurista, la aliada perfecta en rebanarse los sesos para buscar la solución.


Pero más allá de un afán por atrapar el poder a cualquier precio, siente el aliento embaucador atraído por el aroma al que se le añaden otros productos salidos de una vertiente del Estado autonómico que ahora está provocando la ira de la mayoría con sus continuadas protestas en favor de una separación imposible; estos que vinieron de allí ahora se instalaron por aquí con la insana promesa de decir, proclamar y gritar a los cuatro vientos que eran liberales, socialdemócratas, y ahora, al final del camino, se han reconvertido en una remesa dedicada a atraer el voto de o bien los que la conservadora imagen de los populares se le queda corta, o bien la extrema afluencia de un fascismo inquieto se le aparenta un poco violenta a sus objetivos. Lo mismo da, el derechismo se atrae como los polos, se arraiga como las costumbres y se apropia como la hierba a la piedra entonando un mía tú que lo he conseguido.


La izquierda, esa izquierda de siempre, esa que nunca sale a relucir por ser vistosamente incoherente con sus propias ideas, está desaprovechando la oportunidad de ser una vez más, ya perdió otra hace apenas un año, un gobierno de coalición.


, sí, de coalición, no es tan complicado, es solo cuestión de saber dónde van a instalarse los extremistas de ahora, salidos también de un movimiento que duro lo que quisieron algunos, y que de nada le valdrán los votos que ahora tiene si sigue con esa postura de egocentrismo indigesto y hedonismo circunstancial.


Ante toda esa amalgama de procedimientos rayanos en el ventajismo, bien parecidos a apuestas de casino alimentada por el croupier mejor caracterizado, es normal que el sistema nervioso decaiga por momentos intentando buscar la postura más coherente que dé con el sosiego mejor posicionado en el gran debate de la negligencia. Es entonces lo que podemos pedir al menos a quienes nos representan, una lógica premura en el tiempo añade su pizca de protagonismo en dar con el botón del equilibrio, hacer que los políticos encuentren ese tan preciado botín es ni más ni menos que dedicarse a hacer lo que tal vez nunca fueron capaces, política ¿O quizá no sepan ni siquiera lo que su significado reclama? Pues ya va siendo hora porque de votar mejor no hablar por si volvemos a caer de nuevo en lo más primitivo, tropezar en la misma piedra de creer en el pluralismo como salvador de la igualdad y encontrar en los extremos el final de la libertad.


Vamos, que queda poco que el Rey se quedó sin premio en las regatas y tiene prisa por firmar un nuevo gobierno, que los españoles están de vacaciones sin perder de vista el televisor y la radio, sin alejarse de la prensa para informarse sobre la realidad veraz de lo que está pasando en un Parlamento que no debe cerrar por vacaciones cuando el trabajo no está terminado, ni apenas comenzadas sus conversaciones para ser viable el ejercicio de sus deberes tras la designación por parte de la sociedad española de sus representantes.


Hay lujos que un país no puede permitirse, lujos que devuelven interrogantes que se creía olvidadas, cultos a la obsolescencia ideológica, fanatismo demagógico y flirteos con el insulto; desvaríos mentales facilitados por quienes se siente facultados para hacerlo y que asolan el paisaje de prosperidad al que nuestro país se enfrenta. Dejemos personalismos archivados en las afueras del Parlamento, olvidemos nuestras diferencias de pensamiento en favor de las necesidades de la sociedad y comencemos a hacer de la política su justa presencia.


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