El PSOE de Almería le exige al PP que los vecinos puedan dormir

El señor Villanueva, don Eusebio, al que ya vimos de presidente en el pleno de investidura de la actual corporación, le acaba de exigir al alcalde, el confiado Ramón, que los vecinos puedan dormir de noche, por lo que los eventos a realizar en la calle durante esas horas cumplan las normas del buen descanso y el mejor dormir de los almerienses. Lo que no nos cuenta don Eusebio son las medidas que según él y su grupo debería poner el ayuntamiento en esas noches de jondo quejío en las plazuelas de la ciudad. Hay que estar con don Eusebio, lo primero es la tranquilidad de los ciudadanos, después el disfrute de nuestro cante o el simple jolgorio del personal. Pero habrá que decir las medidas a tomar, si no es así, hay que empezar suspendiendo las plazuelas del cante, cuando están obteniendo un éxito importante. Una alternativa a tener en cuenta: Se pueden hacer estos encuentros flamencos a media voz, en susurros, la guitarra con sordina y las palmas sordas. Si así se sigue molestando a los vecinos, nos pasamos al “mimo”. Los cantaores y guitarristas aprenden “mimo” y ya no hay problema para los ciudadanos. Ellos duermen en paz, el PSOE satisfecho y el alcalde con una migraña menos en este verano. Y a los aficionados al cante que les den. Y con el resto de eventos ¿qué hacemos? ¿A qué resto se refiere usted? A la Feria por ejemplo. No es de recibo que unos vecinos puedan dormir y otros por vivir cerca del recinto ferial se tengan que pasar ocho o nueve días sin poder pegar ojo. El señor Villanueva no planteaba ninguna opción sobre la feria y otras actividades, pero habrá que tenerlas en cuenta. Hay que clausurar la feria de la noche, acabar con las fiestas nocturnas de los barrios, prohibir la noche de San Juan (a comerse las sardinas a las doce del mediodía) y hasta las madrugadas en la Alcazaba que no deja dormir al barrio de la Almedina la bonita voz de Sensi Falán cantando entre los muros del recinto. Algunas veces pienso que no estoy viviendo en Almería, una ciudad costera de las que miran al mar, de las que se sentaban de noche en la puerta a comentar los avatares de la jornada y la llegada del frescor de la madrugada. Claro que en aquellos años no teníamos aire acondicionado en nuestras casas y había que estar en la calle esperando al fresquito.   

 

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