El cese del CAF

Rafael Doctor fue contratado por la Junta del PSOE hace unos dos años al “ganar” un concurso público convocado por la Consejería de Cultura. Según publicaba la revista “Ars Magazine”, Rafael Doctor (Calzada de Calatrava, 1967) ha sido “elegido” nuevo director del Centro Andaluz de Fotografía (CAF) por la comisión de expertos nombrada por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía integrada por profesionales como José Guirao, Dionisio González y Juan Carlos Robles”; todos de reconocida vinculación “progresista”. 


La “noticia” del cambio en un puesto de clara decisión política ha sido unos de los más clamorosos y dramáticos pasajes de la reciente historia de España. Recuerden la cantidad de denuncias ante los tribunales de justicia, la airada protesta sectaria y el respaldo de colectivos profesionales afectos cuando, en minutos cinco, Zapatero despidió a todo vestigio del gobierno del PP, incluyendo proyectos como el Plan Hidrológico Nacional, sin importar el alcance de las decisiones o la cualificación y trayectoria en la gestión. Había que meter a los socialistas y echar a los del PP, y punto; y cuanto antes, mejor. 


Ahora bien, léanse las diferencias: el PSOE removía los cargos y ejecutaba ceses como si no hubiese un mañana. Los cesados del PP lo entendían; incluso, algunos se apresuraron a preparar el hatillo con antelación para evitar el roce con los que han demostrado no saber perder y, consecuentemente, tienen también un agresivo, zafio y vengativo ganar. Por el contrario, los maricomplejines del PP y sus socios de legislatura esperan, maduran, miran, consultan, calculan, miden… y pasan los meses (seis) y se “atreven” a publicar un cese que, a la vista de este proceder tardío y dubitativo, el perjudicado encuentra ocasión para aducir motivos muy exóticos. O sea, lo hacen tarde; el cesado va a seguir cobrando; el PP y la Junta se han metido en un indeseable jardín; el nuevo/a director llegará con el estigma y en el punto de mira… en fin. Éxito total.


Pasan los días, y el Gobierno andaluz se toma su tiempo para evacuar decisiones; tanto tiempo como una octava parte de la Legislatura. En ese tiempo no han podido encontrar alternativas a puestos relevantes, estratégicos y determinantes para destinos que aún siguen en incierta interinidad o en incomprensible reafirmación. Por el contrario, el formato PSOE “¡todos a la calle!” se lleva por delante a los altos, medios e intermedios cargos en cuestión de minutos. Así, el cargo intermedio no respira cuando el alto cargo se retira silente y sin estruendo, y todos circulan con dignidad y asumiendo la derrota. Lo que tradicional y normalmente se ha venido saldando con un ¡qué le vamos a hacer, ajo y agua! Ahora, la situación ha devenido en una “purga” del fascismo criminal de la florifauna. Si el cese del tal Doctor hubiese formado parte de la abundante “legión” que se despide del cargo cuando llega el partido rival al poder aquí nadie se hubiese enterado de nada, ni nadie hubiese protestado por el natural devenir de las circunstancias.


 Si el que se va es de la derecha porque ha llegado la izquierda, es lo más natural. Pero si el que se va es de la izquierda porque ha ganado la derecha, es una purga de los fascistas mataperros. 


Dice Doctor que “entramos en una era donde los que estamos significados por nuestras luchas estamos marcados y es necesario purgar (…) la auténtica causa del cese es mi activismo antifascista y animalista”. Ergo, el nuevo director del CAF habrá de ser, según la estimación de perfiles propios y ajenos de Doctor, un fascista y un pateador de gatos.


Una reminiscencia del “Sindicato de la Ceja”, la Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo, va más allá al asegurar que una medida de este calado “pone en serio peligro la imagen de España”. Para qué vamos a ir con medias tintas. 


El cese del director del CAF se ha convertido en un caso de consecuencias lesivas para España en el entorno planetario. 


Si no fuese por el lamentable dramatismo interpretado por el lobby más sectario y subvencionado, habría que criticar sólo la pésima gestión del PP para un cese. Sin embargo, cuando se subliman los argumentos como efecto de una purga, añadiendo la defensa antifascista y animalista, se pierde la perspectiva de un relato puramente laboral para entrar en el sectarismo reaccionario. Al final el PP lleva razón, un cargo de responsabilidad que reacciona de esta manera por su cese de actividad no puede ser ni presidente de su bloque de vecinos.



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