Con acento y de cara

Con acento y de cara

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01:00 • 03 oct. 2011
El nivel político preelectoral es de tal altura que vamos a tener unos días repletos de señores sacando pecho por la desbarrada de Artur Mas, presidente de la comunidad catalana, respecto a lo mal que se nos entiende a los andaluces, un ejemplo que pone para señalar que a ellos se les entiende muy bien cuando hablan español, que por mucho que les joda es el idioma oficial de esa nacionalidad que consta en el mismísimo dni del ‘president’. Y puede que tenga razón, que sea cierto que a un andaluz se le entienda mal en Cataluña, pero tampoco se les entiende muy bien a ellos por aquí, aunque también es verdad que prefiero que no me cojan bien cuando me expreso, con mi acento, mientras se entienda lo que quiero decir, o mejor dicho, que comprendan lo que decimos desde aquí. La pena es que hablaremos de esto, y no del loro que ha dejado la CAM, la caja de ahorros alicantina, que pagaremos entre todos. Y digo esto porque en Andalucía, aún con sus peculiaridades en el deje, es una comunidad que va de cara, que sabe donde está y dónde se la puede encontrar. Pero Cataluña es un caso extraño para nosotros, porque aquí abajo no somos capaces de entender, -yo por lo menos y comparto esta reflexión después de descojonarnos de Mas por el Skype hace un rato entre un grupo de amigos-, a unos catalanis que se tiran todo el día quemando banderas pero luego lloran a la puerta del congreso pidiendo más tramos de ave, de cercanías y otras pequeñeces por el estilo. Vamos a ver, que son como el hijo tonto o geta que se emancipa con 35 años pero come en casa, mamá le lava la ropa y papá le paga la gasolina, porque trabajar trabaja, pero como se cree mucho más de lo que es, nunca llega a final de mes. Pero eso sí, ahorrar ahorra para hacer un viaje a final de año al caribe y ver si allí pilla cacho, porque otra constante de ese perfil es que se pillan piso de soltero y solteros se quedan para toda la vida porque no hay novia que los soporte. Este tipo de gente es la que llora la muerte de su padre pero están deseando que llegue esa situación para volver a la casa familiar con la excusa de cuidar de su madre, cuando la verdad es que no soportan más su soledad. Pues esa es la imagen que podemos tener de unos pobres infelices que les llevan prometiendo años a su gente independencia y autogobierno, pero que no tienen forma de articularlo o conseguirlo porque saben que solos no son nada, ni nadie. Frente a ellos, aunque no se nos entienda muy bien, estamos los andaluces, que vamos de cara, que sabemos donde estamos y de que familia provenimos. Nos pueden caer mejor o peor algunos primos, pero sabemos comportarnos y hacer que las fiestas familiares comunes sean un momento agradable y no una pesadilla. También somos un poco tontos, porque ya que todos piden reconocimiento histórico, aquí tendríamos que empezar a exigir compensación por el esfuerzo de nuestra gente, esa que se fue de aquí para trabajar allí y levantar aquello porque todo el dinero del Estado iba destinado a esos lugares. Eso también podríamos calcularlo algún día, es decir, lo que nos deben a los andaluces. Pero igual eso tampoco lo entienden.






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