El destino del voto

Inteligencia, información, intuición y experiencia han hecho de Pedro Manuel de la Cruz un agudísimo analista político, cuyos análisis podemos leer cada domingo en La Voz de Almería. 

Y, así, el domingo pasado publicó un artículo titulado “Seis interrogantes ante el 26 M en Almería” en el que analizaba seis interrogantes sobre la incidencia que el resultado de las elecciones de hoy va a tener en la configuración de los nuevos ayuntamientos. 

Me interesó especialmente el cuarto: “¿Apoyaría el PP un alcalde Vox en el Ejido?” 

Se respondía: “Nunca. El PP no dará a Vox la alcaldía de el Ejido si este partido fuese el más votado,” y daba las razones: “...estaría activando una bomba de relojería incontrolable en todos los pilares que han convertido a la ciudad en uno de los centros de atención y de atracción de la industria agroalimentaria europea.” 

Pero añadía al final una hipótesis diferente y sugerente: “... Si el candidato de Vox es el más votado, este partido pueda supeditar su apoyo a otros alcaldables del PP a respaldar a su alcaldable en El Ejido. La situación entonces se tornaría diabólica y exigiría un nivel de responsabilidad a PP, PSOE y Ciudadanos que no podrían eludir.” 

Ahora le ha tocado a Vox; antes a Podemos… En cada Elección surge un Partido nuevo, pasional, llamado a extinguirse antes o después, fruto de la crispación del momento. Podemos, de los indignados del 15-M; Vox, del nacionalismo populista que arrasa en el mundo, con EE.UU., a la cabeza. Sin embargo, no sé, de verdad, cual es el contenido esencial del programa de Vox –ni quiénes son sus votantes-, pero comparto con Maquiavelo que “todos ven lo que pareces, pocos sienten lo que eres”, con Proust que “nuestra imagen la dibujan los otros”,  y con Pirandello que “así es, si así os parece. 

La conclusión es muy sencilla: cuando se crea –la sociedad, los medios de comunicación, la gente en suma- una imagen de alguien o de algo, poco importa cómo sea en esencia ese alguien o ese algo: será siempre, para los ajenos, como la hayan dibujado la sociedad, los medios de comunicación, la gente...

¿Lo más grave? Lo escribe Muñoz Molina en “Sefarad”: “Crees saber quién eres y resulta de pronto que te ves convertido en lo que otros quieren ver en tí, y poco a poco vas siendo más extra a tí mismo” 

Es así como se crean las buenas y las malas famas. La buena fama, sin merecimiento, la asume el cínico. La mala, el arribista a quien sólo le importa ganar, con desprecio de los medios, siempre justificados por el fin.

Y no sé hasta qué extremo la, digamos, mala fama de Vox nace de la auténtica manera de ser del Partido o, si por el contrario, se debe a que los enemigos –no hablemos de adversarios: Vox sólo tiene apasionados seguidores o enemigos- han proyectado, sobre todo, en una serie de medios de comunicación –la generalidad de ellos- o ellos mismos...  y a lo que dicen ellos mismos y a cómo lo dicen. Y, claro, me inquieta ese mensaje que proyectan y percibo.

Y me planteo el interrogante de Pedro Manuel de la Cruz: Vox ganó en El Ejido con 9.271 votos, el 30,02%, frente a los 7.014 del PP, 6.59 del PSOE, 4.064 de Ciudadanos y 2.246 de Podemos. 

La hipótesis que se plantea Pedro Manuel tiene el atractivo de lo imposible… hecho posible como brillante hipótesis de trabajo, pero en ningún caso Vox alcanzará, por sí solo, la Alcaldía de El Ejido: necesitaría llegar al 50’01%  y ello supone, casi, doblar el resultado y, aunque no hay encuestas fiables, se me antoja imposible.

Y planteo, a propósito, una cuestión diferente, moral: el destino del voto cuando a los partidos les sobran o le faltan y se acude a los pactos. El voto no es un cheque en blanco ni al portador sino nominativo, por lo que en modo alguno pueden alterar el sentido, la finalidad, el destino del voto recibido, pues equivaldría a desestructurar la democracia, a hacer que desaparezca el pueblo, el electorado, como sociedad civil soberana, como única legitimada, a convertir a cada ciudadano con derecho a voto en una mera máquina de votar que sólo tiene derecho, cada cuatro años, a echar una papeleta en una urna con abdicación de cualquier derecho y destino. 

Y no, claro: el voto es un contrato: se vota una oferta concreta, un programa para el que se pide el voto, es decir, para llevar a cabo ese programa y no el de otro Partido. La democracia es el respeto a la voluntad del pueblo, por lo que hay que respetar el voto de la sociedad civil sin que sea lícito que los políticos lo desprecien, y tenemos el ejemplo indigno de la moción de censura: el soberano, es el pueblo; ellos, meros servidores, mandatarios de ese pueblo. 

… Y tiene razón Pedro M.: Vox nunca alcanzará la alcaldía de El Ejido con votos de otros Partidos.


Nacho López-Gay La relación de las familias López-Gay y Romero-Miura es fraternal desde la época de nuestros abuelos. Y Pepe, el padre de Nacho, y el mío eran casi hermanos bromistas. Él y yo nos teníamos un cariño atávico. En mi prisión madrileña me he enterado de que ha muerto físicamente, pues espiritualmente seguirá vivo en mi memoria y espíritu cada día. Y quiero desde esta lejanía forzada, con el alma rota, enviarle todo mi cariño a su familia y un beso muy fuerte a Carmela, su guapísima y queridísima madre.


Eduardo Punset Un genio heterodoxo, renacentista, leonardiano con el que tuve la fortuna de colaborar en política desde que el 14 de abril de 1993 acepté su invitación para incorporarme a “Foro”, la plataforma liberal que lideró. Le decía en mi carta: “!Merece la pena intentarlo!... FORO, probablemente, sea esa utopía… en la que todos creemos”

En una conferencia, dijo: “dada la situación del mundo el que tiene una idea es imbatible. Bin Laden tiene una idea, y ha penetrado en la mente de mucha gente”. 

Él tenía muchas.


Los Cristobicas La inauguración de la Legislatura ha tenido más de función de cristobicas que de apertura solemne del Parlamento desde disfraces hasta retruécanos y presos, para vergüenza y escarnio, consentido por la joven Presidenta, desbordada.
Hay que ponerle coto a tanto desmán en el parlamento: España no es así, y el Parlamento encarna la soberanía. No puede ser que la función huela a farsa.
“Tenemos que hablar No te preocupes”,  se dijeron, en el Congreso, el Presidente del Gobierno y un preso. Estamos arreglaos. 



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