Y un jamón

Posiblemente no hay nadie con cierta inquietud musical que no conozca y reconozca los méritos de los ídolos del rock y pop foráneo. En EEUU los Elvis, Dylan, Beach Boys y compañía y en esa isla que tan poco aprecia al resto de europeos sus The Beatles, Stones, The Who y tantos otros. Pero ¿nos preocupamos alguna vez por estar al tanto de quienes fueron nuestros propios pioneros en esto de los amplificadores, las guitarras eléctricas y las baterías que tanto nos gustan? Ahí puede que fallemos la mayoría y, como mucho, nos conformamos con los primeros rock facilones del Dúo Dinámico o los iníciales pasos del gran Mike Ríos. Pero hay nombres y bandas que han forjado tanto como estos nuestra propia historia del rock y merecen el recuerdo y tanto reconocimiento como sus coetáneos anglosajones o incluso más. ¡Qué narices! Seamos un poquito chauvinistas, que está muy bien admirar lo de fuera pero no a costa de ignorar lo propio.


Hace poco buceé en las carreras previas de los miembros de Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán –tres de ellos nos van a visitar en breve - confirmándome lo que estoy contando. Partiendo de Los Íberos – ya dejaban bien claro su origen - que tomaban la senda de bandas británicas como The Kinks, The Left Banke o The Move, con ese gusto por el rock barroco, elegante e inteligente, pasando por unos pioneros de progresivo patrio llamados Franklin, que bebieron del sinfonismo y la psicodelia en unos prematurísimos años setenta. Y hasta llegar a una de las formaciones más interesantes de la historia de nuestro pop, Solera,  banda con un solo disco en toda su carrera que merece ser degustado una y otra vez, sin que deje de sorprender nunca su frescura y originalidad. Mezclando unas armonías vocales dignas de los Crosby, Stills, Nash and Young y con un claro toque de pop orfebre, dejaron joyas hecha canción como aquel Linda prima que aún asombra por su singularidad, o esa bellísima melodía inolvidable que es Calles del viejo París.


Una generación, la de todos ellos, plagada de excelentes músicos y de compositores que hacían verdaderos milagros con pocos medios y muchas notas. Por supuesto soy el primero en deleitarme con cualquier buen disco, venga de donde venga, porque ponerle fronteras a la música es uno de los ejercicios más ridículos que se me ocurren, pero no coloquemos tampoco una barrera a lo que nos es más cercano, ya que dentro de casa se esconden melodías y voces que te van a sorprender tanto o más que las de fuera. Para que me entendáis: que está muy bien comerse una hamburguesa, pero desde hace mucho aquí tenemos muy buen jamón.


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