El poder a cualquier precio

Los diputados de Vox en Andalucía han pedido que Salvamento Marítimo deje morir a los inmigrantes que pretenden llegar a nuestras costas. Me permito realizar esta traducción al español común de la “regularización de los operativos de Salvamento Marítimo” que ha pedido Vox, después de que la diputada de esta formación por Almería, Belinda Rodríguez, haya despejado cualquier atisbo de malentendido al referirse a las embarcaciones de Salvamento como “autobuses” que, en lugar de salvar de la muerte a personas, les aseguran el transporte.


Esta iniciativa refleja un desprecio por la vida humana intolerable, al tiempo que veja a los profesionales de Salvamento Marítimo, a los que acusa de estar presentando un “comportamiento presuntamente irregular”. Los trabajadores de Salvamento Marítimo –que son unos profesionales intachables– han pasado así a engrosar la lista de empleados del sector público insultados y perseguidos por Vox, que ya incluía a los que trabajan en la prevención del maltrato infantil y el abuso sexual, los que intervienen en los procesos de tutela de menores y violencia de género y muchos de los que realizan peritajes judiciales médicos y psicológicos. De todos ellos ha pedido Vox los datos para amedrentarlos.


Con todo, lo peor no es la escalada de odio que está protagonizando la ultraderecha ni la caza de brujas que ha emprendido contra los trabajadores públicos que no piensen como ellos. Lo peor es que esta derecha fascista está contando con el apoyo de la derecha convencional –Partido Popular y Ciudadanos–, que está dispuesta a todo con tal de gobernar.


En lugar de poner un cordón sanitario a la extrema derecha, PP y Cs están siendo el altavoz de Vox. Gracias a ellos, la proposición no de ley sobre los rescates de Salvamento Marítimo se va a debatir en el Parlamento de Andalucía, deshonrando a la institución. También les van a facilitar los datos que han pedido sobre trabajadores públicos del ámbito de lo social.


Partido Popular y Ciudadanos están dispuestos a consentirle todo a Vox, porque sin Vox no son nada. Sin la ultraderecha no tendrán presupuestos ni podrán sacar ninguna ley adelante. Además, no hay que olvidar que las elecciones generales están a la vuelta de la esquina y las tres derechas están compitiendo entre sí por el voto radical. Aquí hay que enmarcar la última propuesta de Pablo Casado de cambiar expulsiones por hijos, atentando contra la dignidad de los niños y las madres.


Ante este escenario, hay que poner pie en pared. Los hombres y mujeres socialistas no vamos a ceder y no vamos a dejar pasar ni una iniciativa que vaya contra los derechos humanos o contra los trabajadores de lo público. La democracia sólo puede funcionar si respetamos sus valores más básicos.


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